El sufrimiento de Corbacho
Sábado, septiembre 4th, 2010Celestino se va después de dos años de duro trabajo. Es para celebrarlo. La gestión del ex alcalde extremeño (otro catalanista de mentira) de Hospitalet del Llobregat ha sido nefasta. Dudo mucho que haya salvado realmente un solo puesto de trabajo en los dos años y medio que ha aguantado en el cargo. El Periódico de Aragón recoge hoy las últimas declaraciones de Corbacho, de camino a Barcelona, la que será su próxima residencia (Dios quiera que definitiva). Nos cuenta Albert Ollés que Corbacho lleva yendo a la Ciudad Condal todos los fines de semana desde que está en el cargo, lo cual sin duda habrá sido muy positivo para su total entrega en su gestión como ministro. Así lo cuenta Corbacho:
“He sido un clásico del tren del viernes a las tres de la tarde en dirección a Barcelona y el de las 17.00 horas del domingo hacia Madrid. Cada vez se fue acentuando más la sensación de que estaba de paso y el deseo de volver a la política activa catalana.”
Perfecto. Hemos tenido durante 30 meses a un tipo que se sentía de paso y que apenas estaba encargado de la nada importante tarea de facilitar el trabajo a los españoles. La desfachatez al aceptar el cargo, si sabía que estaba de paso y que le habían convertido en ministro a él como podrían haberlo hecho con un chimpancé, es importante. La desfachatez al reconocerlo, ahora, tampoco tiene desperdicio. “A mí me llamaron, pero yo no quería”, parece querer decir nuestro saliente ministro.
Por desgracia, tiene tiempo para seguir haciéndose la víctima:
“Ha sido un periodo de una intensidad tremenda. He estado en el centro del huracán y no le deseo a nadie algo tan duro como lo que he sufrido luchando contra la peor crisis en 80 años.”
Durísimo. Durísimo ha debido ser trabajar de lunes a viernes un número indeterminado y variable de horas, con trochicientos asesores a su espalda ayudándole a realizar un pésimo y lamentable trabajo, con todo pagado y con todo hecho y con un sueldo de escándalo del que no ha merecido ni el primer euro y que, para colmo y desgracia de los españoles, será vitalicio, como el de todo buen o mal ministro. Pero Celestino, ha tenido que ser una experiencia terrible y nada comparable con los millones de personas que se han quedado en el paro o que han perdido sus casas. Nada comparable con el centro del huracán en el que Corbacho ha vivido. Pobre.
Nuestra particular princesa del guisante, lejos de cerrar su miserable boca por decencia, sigue teniendo tiempo antes de coger el tren para contar su pesadilla particular:
“Me ha tocado sufrir mucho en silencio. El primero que tenía que leer cada día en el móvil a las ocho y media de la mañana las cifras del paro era yo, y a mí me correspondía hacerles frente.”
Como si tuviera hemorroides, pobre, ahí aguantándose en silencio. Un sufrir a todas horas.
¿Eres tú, Presidente?
La cosa sigue y adquiere un sentido extraño, ridículo y hasta incómodo:
“Pero siempre me sentí apoyado por el presidente, con el que mantengo una relación personal muy cordial, como me demostró en la conversación que mantuvimos el pasado 20 de agosto, cuando le comuniqué mi decisión de irme. Su respaldo ha sido especialmente importante desde la discreción, cuando sonaba el teléfono con un número desconocido y aunque ya sabía que era él le preguntaba, ¿eres tú, Presidente? Esos 15 minutos de charla eran muy reconfortantes.”
“¿Eres tú, Presidente?” ¿Pero qué coño es este pasteleo de necios? No, si se harían carantoñas y se harían mimos, y discutirían para ver quién colgaba primero: “Cuelga tú Celestino. / No, cuelga tú José Luis, que a mí me da la risa”. Pero Corbacho tiene mucho más amor que dar a su nuevo jefe e inspiración:
“Mi vida ha transcurrido de una forma paralela a la de Montilla, que siempre ha sido un referente para mí. Tras cuatro años de acción de gobierno su proyecto merece ahora el máximo apoyo para que tenga continuidad de futuro, y así se lo hice saber cuando nos reunimos el 4 de agosto para trasladarle mi ilusión. Le dije: “Pepe, ahora que toca arremangarse quiero estar ahí contigo”.”
“Quiero estar ahí contigo”. Este tipo demuestra que es caramelo concentrado y que hasta ahora no se había “arremangado”. Qué forma tan sutil de admitir que se ha pasado dos años tocándose su dulcísima entrepierna hasta que le ha llegado la hora de ir con su nuevo amor. Por no hablar del problema de los referentes. Uno puede tener de referente a Winston Churchill, a Albert Einstein, a Juan Pablo II, a Nelson Mandela… pero Corbacho tiene de referente a José Montilla, con un par. Reconozco, en cualquier caso, el paralelismo del que habla Corbacho entre el President cordobés y el propio ministro extremeño: ambos son “inmigrantes”, estúpidamente catalanistas y ambos carecen de estudio alguno conocido.
Corbacho deja caer en la muy oportuna entrevista de Albert Ollés que hace un mes que había decidido dejar el cargo y que nos hemos enterado ahora. Que lo había decidido él y no Zapatero (lo pongo bastante en duda), y que, supuestamente, estuvo poniéndole los cuernos con Montilla a (¿eres tú?) Zapatero un par de semanas antes de comunicarle su decisión de abandonar el Gobierno.
Espero, por el bien de los españoles, que Corbacho no vuelva a Madrid. Que se olvide de Zapatero y de sus reconfortantes charlas en las que hacerse mimos ambos, y que se centre en el flaco favor que le va a hacer a ese personaje de referencia que es Montilla al unirse a su candidatura. Es el final del peor Ministro de Trabajo imaginable. Ya ha pasado todo, Celestino.


Hay que recordar las quejas de la Generalitat Valenciana de que TV3 y los otros tres canales autonómicos catalanes se pudieran ver en su territorio, lo que incluso provocó algunas manifestaciones (manifestarse es otra de las grandes modas junto con la de los proyectos piloto). Recientemente la Generalitat cortó la recepción de dichos canales. Pero yo creo que sería realmente interesante poder ver todos los canales autonómicos en todos los puntos de España. Y con la TDT sería mucho más sencillo de conseguir. Creo que todos saldríamos ganando, tendríamos una mayor oferta para elegir, y además, un mejor conocimiento de nuestro país. Por desgracia todos los políticos aceptan que sus vecinos tengan canales autonómicos, siempre que no intercedan en sus propias emisiones con las que consiguen influir en la opinión pública de acuerdo con sus intereses. Pero si miraran por el bien común de sus ciudadanos, sin duda aceptarían la fórmula “cuantos más canales en más sitios mejor para todos”. Incluso la posibilidad de poder ver todos los canales locales sería una utopía maravillosa de esas en las que ya solamente cree nuestro Presidente del Gobierno.

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