De miradas y asesinos

No podía pasar de mencionar una de las más desafortunadas meteduras de pata de nuestra historia periodística reciente. El fallecimiento de la niña de tres años Aitana, y la condena previa del novio de su madre por parte de todos los medios de comunicación y de todos los españoles medianamente informados, ha terminado con los huesos del acusado en el hospital. Diego, que pasó de violador y asesino, a únicamente asesino y a inocente en una semana frenéticamente kafkiana, ha merecido las disculpas de todo nuestro piramidal periodismo en el que si una agencia comete un error, una noticia falsa recorre todos nuestros periódicos y cadenas de televisión y radio.

Inevitablemente todos los medios de comunicación condenaron al joven de 25 años, haciéndose eco de la cobertura que EFE dio al suceso. Es probable que algunos de ellos hicieran las comprobaciones e indagaciones pertinentes para valorar la noticia, y que llegaran a las mismas conclusiones. Si los médicos emiten un informe en el que hay un culpable de asesinato y violación determinado, no se puede pasar una noticia tan jugosa. Si bien los medios de comunicación no pueden esperar a que las personas sean juzgadas, al menos deben mantener la presunción de inocencia de las mismas mientras sea necesario. Y muchos medios no lo hicieron. Tampoco tuvieron la precaución de no convertir a los médicos en forenses.

Tampoco se replantearon la noticia después de que, hacia la una de la tarde del viernes 27 de noviembre, un informe confirmara que la niña no había sufrido abusos sexuales, y dejara en evidencia las conclusiones iniciales del médico que inspeccionó a la pequeña. Para hacer mayor la negligencia médica, era la segunda vez que Diego llevaba Aitana al centro de salud, pero en una primera visita los médicos consideraron que todo iba bien y que la niña no tenía nada grave como consecuencia de una caída en el parque, que finalmente acabaría con su vida.

Pero, volvamos a lo periodístico. La profesión ha quedado algo en entredicho. Estamos deseando dar borrón y cuenta nueva, aunque ha habido algo de autocrítica que se agradece y da credibilidad. No puedo estar de acuerdo con lo que publica, a toro pasado, Rubén Darío García León en EFE (precisamente) que dice:

“Ahora, nadie reconoce que ha cometido error alguno. Ni desde los medios de comunicación ni desde la profesión médica, ni desde la clase política. Silencio. Si en un principio faltó moderación y capacidad para esperar los resultados, ahora … tal vez el corporativismo, tal vez la vergüenza, posiblemente …”

Los medios han tirado algunas piedras sobre sus tejados, que admito que seguramente deberían haber sido monolitos y no cantos rodados. Pero, no es por ser corporativista (este blog es de todo menos eso) la aparición de la noticia era inevitable, como decía, y la precipitación era, y es, característica propia e inseparable del periodismo actual. Lo que me preocupa son los modos. La “moderación” de la que habla García León en EFE. En televisión se ha hecho amarillismo hasta los límites sospechados y habituales. Más sorprenden en prensa escrita portadas como las de ABC, del pasado sábado 28:

Entiendo que usar el término “presunto” hubiera estropeado un buen titular que puede llevar a vender cuatro ejemplares más a cuatro morbosos que pasen por el quiosco. Pero en la medida en que se fastidia el titular y se pierde en espectáculo, se gana en honestidad periodística. Pero en el diario de Vocento, probablemente inspirados por la terrible, despiadada y enferma mirada de Diego, prefirieron tirarse a la piscina, sabiendo que en estos casos casi siempre hay agua. el subtítulo tampoco desmerece: “Tenerife llora la muerte de Aitana, que no superó las quemaduras y golpes propinados por le novio de su madre“. De nuevo obviamos la presunción de inocencia, por el bien de la información. Solamente en el pie de foto el periódico se lava las manos (“que presuntamente acabó con la vida de la pequeña Aitana”, cuando centímetros más arriba el medio ya ha sido juez y verdugo de este sinvergüenza. Exactamente como si en un vehículo nos pusiéramos el cinturón de seguridad cuando vamos a aparcar.

La mayoría de los periódicos no llevaron este suceso a su portada, y si lo hicieron fue de forma bastante discreta. Tal vez por dudas o tal vez por desinterés. En mi opinión, esta noticia solamente puede ser una de las destacadas en portada desde el amarillismo, o desde el regionalismo. Casi todos los periódicos canarios llevaron a sus portadas del sábado la foto de Diego esposado. El periódico Canarias 7 fue el más duro: “Una brutal paliza mató a Aitana“. Aparte del titular, añadía algo desconcertante:

“Aitana no se cayó de un columpio. Los golpes y las quemaduras que tenía se las provocó supuestamente Diego P.V., el novio de su madre. Así lo reconoció ante la Guardia Civil de Santa Cruz de Tenerife y lo que siempre negó fue que agrediera sexualmente a la niña. El juez le tomó ayer declaración durante varias horas y ya de noche decidió prorrogar su detención”.

Por suerte, tras la publicación de esta información que se ha demostrado evidentemente falsa, el periódico isleño no se ha escondido y ha abierto un cierto debate en el que no han faltado buenas dosis de autocrítica. Entre los periódicos del archipiélago, La Provincia dio una menor relevancia al suceso y ofreció un titular mucho más comedido y contrario a las versiones anteriores: “Los informes descartan el abuso sexual de la niña muerta en Arona y el marido de la madre [lo] niega todo“. ¿Cómo un periódico puede llegar a publicar que Diego admitió el maltrato y otro justo lo contrario? Es difícil saberlo.

Juan Manuel de Prada, en el propio diario ABC, da algunas claves que van más allá de lo que él define como “concatenación de errores médicos, policiales y periodísticos”:

“Pues sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social puede explicar que unos médicos, ante el examen de una niña que acaba de sufrir un accidente, diagnostiquen que ha sido sometida a vejaciones; sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica que los interrogatorios policiales hayan querido confirmar tal diagnóstico; sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica que los medios de comunicación, con desprecio de los códigos deontológicos que deben regir la pesquisa informativa, hayan dado por demostrada la culpabilidad del joven, dedicándole sus vituperios y anatemas; y sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica, en fin, que la masa cretinizada necesite encontrar chivos expiatorios sobre los que volcar sus figuraciones más escabrosas. La autopsia practicada al cadáver de Aitana ha servido para exculpar al joven sobre el que irresponsablemente se había arrojado el baldón; pero al mismo tiempo ha servido para descargar ese baldón sobre una sociedad enferma, convertida por la propaganda oficial y la histeria mediática en una manada de bestias carroñeras prestas a abalanzarse sobre cualquier reclamo.”

Es higiénico y necesario que los periódicos, por sus propias firmas editoriales o a través de la libertad que otorgan a sus columnistas, ofrezcan buenas dosis de autocrítica y sentido común. Hay algo de luz cuando los medios dan la cara. Solamente falta que una sociedad adormecida comprenda sus muchas debilidades y no mire hacia otro lado cuando, alentada por unos medios de comunicación torpes y torticeros, es capaz de condenar por la mayor de las vilezas a un hombre inocente. Hoy la mente y el cuerpo de Diego reposan en el hospital, mientras un país entero le pide perdón y se avergüenza de sus miserias morales y de sus histerias colectivas.

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