Doce periódicos catalanes publicaban ayer un editorial conjunto titulado “La dignidad de Catalunya” acerca del Estatuto de Cataluña que debe aprobar o cercenar el Tribunal Constitucional. Algunos publicaron el texto en castellano y otros en catalán (dependiendo del idioma habitual del medio), aunque en todos la palabra “Catalunya” aparece en catalán, como suele ocurrir con términos como “Generalitat” o “Consell”. No sé por qué no hacemos lo equivalente con instituciones o ciudades norteamericanas o de Finlandia, por ejemplo. Algún día tal vez encuentre la explicación.

El caso es que el texto primero considera deslegitimado al Alto Tribunal, en el cual cree que hay “posiciones irreductibles” (solamente son irreductibles las que no les interesan, por supuesto) y lamenta que se esté debatiendo sobre un Estatuto que está refrendado por los ciudadanos y por lo tanto ya es válido. Finalmente termina con una velada amenaza:
No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.
El editorial comete algunos errores y varias imprudencias. De entrada, olvida que no solamente el Partido Popular ha recurrido este Estatuto. También lo han hecho el Defensor del Pueblo y varias comunidades autónomas (tres de ellas gobernadas por el PSOE). Tampoco recuerda que el Estatuto, aunque democráticamente refrendado, solamente fue aprobado por un 36% de la población catalana.
Tampoco tiene mucho sentido quejarse de una sentencia que aún no ha sido dictada, aunque el texto declare no desear “presuponer un desenlace negativo” y asegura que confía en “la probidad de los jueces”. Precisamente la presunción de un desenlace negativo (negativo para sus intereses) es la que da sentido a este editorial. También es contradictorio que declaren confiar en la honradez de los jueces, cuando párrafos antes han ofrecido una recopilación de argumentos para justificar que la legitimidad y validez de los jueces era nula. ¿En qué quedamos?
Lo mejor de este asunto es que si el Tribunal Constitucional aprueba finalmente el Estatuto en su totalidad, siempre podremos decir que no estaba legitimado para hacerlo. ¿No?
Yendo a lo exclusivamente periodístico, a mí me parece bien que doce periódicos catalanes se pongan de acuerdo en publicar un mismo editorial. Pero que no lo hagan enarbolando la bandera de la libertad de expresión, sino más bien la de todo lo contrario. El editorial es el texto más importante y representativo de la línea editorial (precisamente) de un periódico. Es el contenido (teórico) de los valores, ideales y valoraciones concretas de la redacción de un periódico sobre determinados asuntos. Es allí donde el periódico, como medio, se moja e instaura sus bases. Si toda la prensa escrita muestra exactamente la misma postura sobre un determinado tema, el lector está atrapado por un único punto de vista en el que ni siquiera entran matices diferenciadores. Un mismo editorial, un mismo texto, las mismas conclusiones, los mismos pensamientos. Con este tipo de iniciativas uno no puede evitar pensar que sobran periódicos, puesto que al lector le da igual uno que diez.
Por suerte ni Avui, ni La Vanguardia ni El Periódico, ni sus redactores y directores, realmente tienen la misma visión sobre este asunto. Pero, aunque la pluralidad de la prensa catalana es evidente, como en casi toda la bazofia nacionalista, lo que importa es el dinero. La Generalitat concederá en 2010, 28 millones de euros a los periódicos catalanes en forma de subvenciones, y repartirá 70 millones en publicidad. Así que, cómo no apoyar un texto que concuerda a la perfección con el pensamiento del Gobierno de Cataluña. ¿Cómo arriesgarse a quedar fuera de la corriente mayoritaria y ser el periódico discordante y convertirse en la oveja negra de la prensa catalana?. Demasiado imprudente.
Lo cierto es que las subvenciones de la Generalitat, que especialmente van destinadas a los periódicos en catalán (como gran parte de los periódicos firmantes del editorial), son las que permiten que en Cataluña exitan una docena de periódicos, que en su mayoría son deficitarios. Sin esas subvenciones y esa publicidad que pagamos todos, varios de estos medios tendrían que echar el cierre. Así que adherirse al editorial no ha sido una cuestión de ideología, sino casi una cuestión de vida o muerte.
Tengo la esperanza de que en los próximos días sepamos cómo surgió el texto, aunque según declaraciones al programa La Noche en 24 horas de TVE de Juancho Dumall, director adjunto de El Periódico, el texto simplemente fue escrito por el director de su periódico de acuerdo con el de La Vanguardia, y no fue sugerido por la Generalitat. Tan espontáneo como suena. Eso sí, posteriormente no supo afirmar a ciencia cierta si el editorial, que había salido de la redacción en la que trabaja todos los días, había sido propuesto a periódicos con edición catalana y sede en Madrid. Curioso.
Desconozco cuál es el concepto que los catalanes tienen de su propia dignidad y si creen que ésta depende de lo que decida un tribunal. Pero, desde luego, sí que es fácil hacerse una idea de la independencia, la libertad y la dignidad de los medios de comunicación catalanes.
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