Cuando los filtros fallan y el famoso queda en evidencia
Miércoles, octubre 14th, 2009En la prensa española abundan los escritores incapaces de redactar dos frases seguidas de una forma medianamente correcta. La gran mayoría de las firmas de opinión en España pasan por el filtro de correctores que rehacen sus columnas de una forma mucho más drástica de lo que la mayoría de los lectores creen. Las firmas ponen su nombre popular y su rostro conocido en la parte superior del texto, que dé un aparente mayor peso a la columna de opinión. El lector se forma, de esta manera, una falsa imagen de las capacidades redaccionales del que firma el artículo, cuando en realidad apenas ha escrito torpemente un par de ideas que quiere expresar en el texto y que otra persona acabará dando forma. En ocasiones, estos filtros fallan por cuestiones de tiempo, por un descuido, o por ignorancia de los responsables del medio. Así, el texto original acaba apareciendo publicado en el medio, para sonrojo de cualquiera mínimamente alfabeto.

Esta semana encontramos en la prensa un ejemplo palmario de firma importante con notable incapacidad para redactar algo legible. En la contraportada del diario Público del pasado domingo 11 de octubre encontramos un artículo firmado por el Gran Wyoming, presentador de La Sexta. Dicho documento se titula “El idiota mira al dedo”, y en él el autor carga contra la trama corrupta vinculada al PP y que conocemos como “caso Gürtel”. Se trata de un texto de 270 palabras, compuesto por (atención) ¡cinco oraciones!. Una de ellas consta de 140 palabras, siendo probablemente la oración más larga que se haya publicado en prensa escrita en la última década:
Y eso es lo que pretenden los señores del PP y sus corresponsales adictos que hagamos cuando sale a la luz a qué conduce entender la patria como una SL, desprestigiar sistemáticamente lo público desde el poder, mutar en propietario cuando se es mero gestor, y hacer tabla rasa de los servidores del Estado, jueces, policía, fiscales, etc., acusándoles de corruptos acosadores y negándoles la potestad moral para ejercer las funciones de administración de Justicia e implantación del orden, que nunca se hizo tan necesario como en esta fechoría colectiva en la que participan los máximos responsables del Partido Popular, los mismos que pretenden gobernar España, su ama patria, su querida finca, su infinita ubre, su expropiado solar en el que siempre acaba naciendo la mala hierba que por más que se arranca rebrota clamando a gritos Justicia y Libertad.
El uso del punto no parece ser una de las aficiones del señor Wyoming.
Veamos la tercera oración:
Estos hijos de Berlusconni que reivindican la coraza de los votos como capa de superhéroe que les convierte en intocables olvidan que la pasta que roban es también de los que no les votamos, y que, mereciendo tanto respeto como ellos, desde la legitimidad que otorga el sentido elemental de la honradez, exigimos que se marchen, que levanten las tapas de la cloaca y dejen de formar en círculo cerrado pretendiendo ser víctimas de un ataque generalizado e incomprensible por parte de las fuerzas del mal.
El Primer Ministro de Italia lleva una sola “n” en su apellido y la expresión “la pasta que roban es también de los que no les votamos, y que, mereciendo tanto respeto como ellos…”. ¿Como quiénes? Aunque se sobreentiende que se refiere a los (malos, malísimos) que sí les votan, la construcción de la oración es, nuevamente, errónea.
Tampoco la cosa mejora en la cuarta oración:
Dejen de jugar a la responsabilidad señalando a los segundones, fueron Camps, Ana Botella, y los demás de la camarilla, los que impusieron y abalaron a Don Vito y sus colaboradores.
Aquí es evidente la ausencia de un punto después de “segundones” que dé algo de sentido al asunto. De Bachillerato.
Cuatro de las cinco oraciones tienen algún error sintáctico o de puntuación que las hace, sencillamente, ilegibles (aunque podemos intuir lo que nos quiere decir, claro). El doctor Wyoming, que seguro que como médico es infinitamente mejor que como redactor, engancha oraciones subordinadas hasta el infinito, cayendo en un error muy típico de quien cree que se escribe como se habla. Y lo que nos ofrece el presentador no es más que un discurso exaltado que encantará a los fanboys socialistas y que leído con voz de mitin llegaría a quedar hasta medianamente bien. Tantos errores en tan pocas líneas evidencian que nadie revisó este texto de la pluma de Wyoming, que debería dedicarse (como tantos otros) a lo que sabe hacer, ya sea a la Medicina o a presentar programas de televisión.
Imagen: La Sexta






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