El ciudadano español, desinteresado y mentiroso
Lunes, mayo 25th, 2009Hace apenas una semana el CIS pronosticaba que PSOE y PP empatarían a escaños de cara a las próximas elecciones del Parlamento Europeo. Incluso aquel sondeo daba una mínima ventaja en número de votos a los socialistas, algo prácticamente inaudito en las últimas encuestas realizadas por diferentes medios de todo signo, gusto, inclinación, tendencia, pie del que cojear… El último sondeo, publicado por El Periódico de Catalunya y repartido por Servimedia a diferentes medios nos cuenta que el PP sacaría cuatro puntos de ventaja al PSOE si ayer se hubieran celebrado las elecciones.

Este cambio en las previsiones de resultados entre uno sondeos y otros (pues, no ha ocurrido nada durante la semana que haya aupado tan notablemente al candidato popular ni que haya hundido al socialista) se pueden deber a diferentes causas las cuales, sin excepción, poco dicen a favor de la fiabilidad de las encuestas: metodología empleada, momento de realización del sondeo, manipulación intencionada de los resultados y de la interpretación de los mismos, volubilidad del encuestado… Entre todas ellas, esta vez voy a destacar la última. El ser humano (algunos más que otros) cambia de opinión decenas de veces al día sobre temas de toda índole e importancia. La palabra del ciudadano tiene un valor muy relativo. La opinión del votante a menudo, y seguramente no en el peor de los casos, varía por factores ridículos varias veces en cada legislatura. Y, por supuesto y salvo en casos excepcionales como las Elecciones Generales de Marzo de 2004, siempre votan menos de los que dicen que van a hacerlo llueva o truene.
A esto hay que añadir que el encuestado, encima, miente. Miente y mucho. En julio de 2004, poco después de las últimas elecciones europeas, el CIS realizó una encuesta post-electoral que arrojó unos resultados escalofriantes sobre la inventiva que tienen los ciudadanos al ser encuestados. Debemos tener en cuenta que este estudio consultó sobre hechos ya sucedidos, y no sobre futuribles, como suele ocurrir normalmente. Fijémonos, por ejemplo, en que el sondeo arrojó resultados tan sorprendentes como que el 60,8% de los españoles había participado en aquellos comicios, cuando la participación real fue del 46%.

Una mentira mayor fue la de aquellos encuestados, sin duda por algún tipo de absurdo pudor tras los atentados del 11-M, que no admitieron haber votado al Partido Popular. El PP obtuvo el 41,3% de los votos, pero en el sondeo solamente el 25,5% de los encuestados reconoció haber votado a los populares.

Finalmente, los que reconocieron no haber votado en aquellas elecciones alegaron razones para no haberlo hecho que evidencian la ligereza de las respuestas: uno de cada tres aseguró estar fuera de su ciudad, uno de cada cinco alegó motivos de salud, el 17% apuntó a razones laborales y el 11% afirmó tener problemas familiares que le impidieron acudir. De estos datos se obtiene una doble conclusión:
-De los abstencionistas, solamente el 19% no votó porque no le dio la gana. Para el otro 81% fue imposible por los diferentes motivos descritos arriba.
-Si el censo electoral en 2004 era de más de 34 millones de personas, y no votaron según este sondeo el 40% de ellos, estamos afirmando que, por ejemplo, hubo al menos 3 millones de personas enfermas sin poder salir de casa aquel domingo 13 de junio de 2004 (no sé cómo puede preocuparnos la gripe porcina) o más de un millón y medio de personas con problemas familiares que les impidieron poder votar ese día. Increíble.
Desconectados de Europa
Probablemente nunca fue mayor el escepticismo de los españoles ante la Unión Europea y ante los propios comicios del día 7 de junio. Solamente hay que ver la web del Parlamento Europeo sobre las elecciones de este año. En su encuesta de portada se pregunta sobre cuál es el vídeo publicitario de las elecciones favorito para el internauta. El 81% de los que han pasado por allí (lo cual implica un cierto interés en los comicios) asegura no haber visto ninguno de los spots. Espectacular.
Finalmente, las encuestas calculan una abstención cercana al 60%, que demuestra el nulo interés que tienen los temas europeos incluso en países no especialmente euroescépticos como España. Es probable que los sondeos también se equivoquen en este cálculo. Y es que seguro que se quedan cortos…




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