El pasado día 10 un fuerte temporal azotaba media España, especialmente el litoral valenciano. Las lluvias fueron tan fuertes que, entre otras cosas, hubo que cortar varias carreteras y cerrar el puerto la capital del Turia. Además, en la provincia de Valencia dos mujeres británicas perdían la vida, arrastradas por el agua, al intentar cruzar a pie un barranco.
Al mismo tiempo que las agencias de noticias servían la información del desgraciado accidente ocurrido la noche anterior, las Bolsas europeas caían con mucha fuerza, dejándose hasta un 7% solamente por la mañana. El País.com hacía un juego de palabras, un titular forzado, una vuelta de tuerca absurda y retorcida: “Tormenta perfecta en la Bolsa”. La gracia ocupaba todo el ancho de la portada. Justo debajo de las noticias de economía, El País.com nos ofrecía la desgracia de las mujeres británicas con el titular: “Dos mujeres mueren en Valencia arrastradas por el fuerte temporal”. El titular, encima, es incorrecto. Las mujeres murieron arrastradas por el agua, no por el temporal. Es como si decimos que me quemé la piel por el buen tiempo, en vez de decir, como sería correcto, me quemé la piel por el sol o por exponerme al sol.
Desde luego, la imprecisión del titular no es ni comparable con el mal gusto de la metáfora, equivalente a un “las Bolsas se estrellan” (u otras cien metáforas similares) el mismo día del accidente de Barajas. Un titular innecesario, y que hubiera podido funcionar (dentro de la chorrada que es) si el temporal que sufría la Comunidad Valenciana no se hubiera cobrado daños personales. En el momento en el que hubo pérdidas humanas, el titular debería haberse descartado por completo.
Caroline Frost nos ofrece un magnífico reportaje (originalmente en inglés, pero bien traducido) sobre la vida de Peter Norman, el australiano que acompañó en el podio a los dos afroamericanos que celebraron sus medallas alzando el puño cubierto con un guante negro. Después de que Norman se implicara con un cierto apoyo a sus compañeros en el pedestal olímpico al portar la insignia del Proyecto Olímpicos de los Derechos Humanos fue apartado del equipo olímpico australiano para siempre. Por supuesto los norteamericanos también de su propio equipo.
El australiano consiguió batir la marca necesaria para ir a los siguientes Juegos Olímpicos en trece ocasiones, pero no fue convocado para ir a Munich. Tampoco nadie fue en su lugar.
Australia, simplemente, no mandó ningún velocista, según nos cuenta la periodista de BBC. Norman nunca volvió a ganar nada y se vio obligado a retirarse poco después de colaborar en aquello que fue visto como un imperdonable desplante. A su retirada siguieron un divorcio y diversos problemas de salud. Sufrió depresiones y se dio a la bebida y a los calmantes después de pasar mucho tiempo hospitalizado.
En el año 2000 recibió su último castigo al ser el único atleta excluido de participar en la vuelta de honor de los JJ.OO. celebrados en Sidney por su país. Al menos fue invitado y acogido por el equipo olímpico norteamericano. Su sobrino rodó el documental (“Salute”) sobre su tormentosa vida y ahora se proyecta en los cines australianos y llegará a otros lugares del planeta. Peter Norman tuvo tiempo de ver la película acabada, poco antes de morir de un ataque al corazón.
El reportaje de BBC termina con una frase del director de la película, y sobrino del atleta:
“Si no hubiera estado en esa demostración ese día, habría sido apenas otra medalla de plata que Australia habría conseguido y nadie habría oído hablar de Peter Norman”.
Triste consuelo para mi gusto. Sí, seguramente nadie habría oído hablar de Norman. Desde luego no estaríamos hablando de él aquí y ahora. El reportaje juega con la tragedia de la vida sin renunciar a convertirla en leyenda. De poco sirven las leyendas, salvo para hacer un buen reportaje. El periodismo deja sobre la mesa al héroe sin ignorar la desgracia que sube a Norman a los altares. Grises altares los de encontrarse por mera casualidad metido en medio de la más justa de las reivindicaciones y ser condenado por los restos a la más injusta infelicidad. Y admito que la felicidad o la desdicha de la vida de Peter Norman son imposibles de determinar con un simple reportaje, ni con dos, ni con cien. Pero todo apunta a que la leyenda hubiera tenido una vida mejor de no haber sido segundo en aquella carrera de emotivo final y tristes consecuencias.
El reportaje es magnífico, como decía, porque tiene todos los ingredientes. Pero el periodismo, a menudo es incapaz de profundizar nada y resulta normalmente incompetente a la hora de penetrar más allá de la superficie, recogiendo al héroe y su desgracia personal e intentando consolarnos, finalmente, con el inútil símbolo de lo legendario y el falso valor de los póstumo.
“El periodismo es una gran mentira” me decía un compañero de profesión el otro día en un momento de filosofía de bajo nivel. Yo asentía.
Fue exagerado el lío que se ha organizado por el error de La Sexta en uno de sus telediarios cuando hizo aparecer la imagen de Rajoy cuando la presentadora pronunciaba la palabra “payaso”. Es normal que muchos pensemos mal. “Piensa mal y acertarás” dijo alguien. En este caso, los de Mediapro han pedido disculpas en un par de ocasiones y en directo, pero sin renunciar a criticar a aquellos que ponen en duda que todo fue un error humano, y fallo técnico. La cadena, si hubiera querido ser medianamente elegante, debió pedir perdón y cerrar la boca ante las críticas en el telediario, y de paso, no haber explotado el asunto en otros programas de su parrilla dándole más bombo innecesario al tema.
Desde que Rajoy está en la oposición ha aparecido por error donde no debía en un telediario, y siempre ante noticias negativas o hechos injuriosos, hasta en cinco ocasiones. En 2006 en un telediario de La 2 apareció mezclado con imágenes de la prisión iraquí de Abu Ghraib. El 3 y 4 de octubre de 2007 en La 1 (dos veces en menos de 24 horas) y en Antena 3 en diciembre del año pasado apareció, de nuevo, donde no debía. Anteriormente había aparecido Acebes dos veces mezclado con los vuelos de la CIA en la cadena estatal, y Eduardo Zaplana embarazado por Antena 3 y con Matías Prats pidiendo sonrientes disculpas en directo.
Después de tanto error, y siempre con los mismos protagonistas, las sospechas y las malas lenguas están sobradamente justificadas. Este caso es especialmente notable por la tremenda coincidencia entre la expresión injuriosa y la imagen de Rajoy. El vídeo podría haber terminado con cualquier otra expresión, el vídeo de la reunión entre Rajoy y Zapatero podría haberse iniciado con cualquier otro fotograma, y podría haberse colado cualquier otro vídeo de los que había esperando en el control del programa. Pero se coló Rajoy, justo cuando la periodista alargaba su frase con un “atención, la imagen de un payaso”. Enorme casualidad, enorme mala suerte o enorme canallada. Da igual. Realmente Rajoy debería estar tranquilo. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que las cinco veces que su imagen ha aparecido en un telediario donde no debía no han sido meros errores. Alguna, sin duda, sí. Pero 5 en dos años no. Esto me recuerda a la forma en la que el marbellí Roca intentaba justificar sus riquezas, presentando ante el juez decenas de boletos premiados de Lotería. Esto es igual. A Rajoy le ha tocado tantas veces la Lotería, que sin duda, en alguna ocasión ha jugado sobre seguro, con el sorteo amañado y con el montador graciosete.
Pero Rajoy, insisto, debería estar tranquilo. Que desde Mediapro le identifiquen con un payaso es algo que ocurre, más o menos explícitamente, todos los días del año tanto en su cadena de televisión como en su periódico de tirada nacional. Los informativos de La Sexta son tan sesgados, tan poco objetivos, tan favorables a todo lo que haga el Gobierno y el PSOE que, que llamen “payaso” a Rajoy en directo, ante su discreta audiencia, resulta totalmente anecdótico. Esta es la diferencia entre un error en el telediario de Matías Prats y uno en el de la Sexta: Prats tiene credibilidad y los informativos de La Sexta son como Pedro y el lobo, o como Hitler disculpándose por la muerte por error de un judío. En los telediarios de La Sexta llevan desde que existen dando cera a Rajoy y al PP intencionadamente. Ahora es muy difícil creer que, por una vez, lo hicieron sin querer. Y en el fondo, a estas alturas, es igual.
Reconozco que hoy la inspiración la trae Arcadi Espada, y su genial blog. Pero es que viene muy a cuento con la entrada de ayer sobre El País. En una entrada magnífica hasta para ser él recuerda que la investigación ha quitado la razón al titular de El Mundo sobre la tragedia de Spanair que ya critiqué aquí en su día. También muestra una foto de McCain realmente sorprendente. Y, finalmente, lo que motiva este p
ost, el grandioso titular que eligió ElPaís.com para ilustrar la muerte del líder de la extrema derecha austríaca: “Haider conducía borracho cuando estrelló su coche contra un muro“.
Se me pasó esta mañana el titular cuando visité la web de El País. Es un titular duro, con la palabra “borracho” que tiene muchas connotaciones y que aventura un estado de embriaguez que desconocemos. Una persona puede beber una copa de vino y andar torpemente y otra puede triplicar la tasa de alcohol permitida y no inmutarse. Aunque no debería conducir, cierto, la palabra borracho sobra, pues no está justificada ni como dato ni como significado.
Lo que Arcadi Espada no observa es la dureza de la expresión “estrella su coche contra un muro”, a la que solamente le falta “y su cadaver sale despedido por la ventanilla destrozándose en mil pedazos”. Tanto detalle en el titular es innecesario. Imaginen el equivalente con otras noticias: “Mueren 100 personas después de que el avión en el que viajaban se estampara contra el suelo”. “Una mujer es violada al encontrarse con un hombre en un portal que decidió, sin acuerdo previo, meterle el… “. Y así podríamos seguir.
Arcadi Espada tampoco recoge que ElPaís.com rectificó horas después: “La autopsia revela que Haider conducía ebrio cuando se estrelló con su coche”. Ahora no es una verdad absoluta, sino algo revelado por la autopsia. Haider deja de ser el sujeto y el borracho. Ahora solamente conducía ebrio. Y ahora se estrella, en general, sin especificar contra qué.
Hay palabras que evitar en los titulares de cualquier periódico medianamente serio. Una de ellas es “borracho”, por su imprecisión y sus connotaciones. Y, por supuesto, los titulares con detalles sórdidos, por mucho que reconforten a la línea editorial del periódico, son de muy mal gusto.
El diario ElPaís.com nos sorprendía en la mañana del miércoles con la muerte de la abogada del caso Politkovskaya:
“París investiga la muerte de una abogada crítica con Moscú” nos cuenta el diario de PRISA. Cierto es que es una abogada crítica con el régimen de Putin. No es cierto que esté muerta. Solamente había que entrar en la noticia del periódico para ver que la abogada “solamente” había sido envenenada:
Y en la última línea de ese corte incluso hace declaraciones, desde el hospital al parecer, no desde el cielo. Pasadas las horas, El País.com devolvió a la vida a Karina Moskalenko:
París ahora era Francia (es lo mismo al fin y al cabo) y la muerte era, finalmente, envenenamiento. Es más, “supuesto envenenamiento”. El País, sorprendido por la ineficacia del gobierno ruso y abrumado por su efectividad en el pasado para deshacerse de las voces críticas con el régimen. Como Romeo cuando se quita la vida ante Julieta, creyendo que ésta yace muerta y simplemente está envenenada y dormida. No pasa nada, estas cosas ocurren hasta en las mejores familias (como los Capuleto) y redacciones. Para asegurarnos de que lo que leemos es cierto, es mejor ojear varios medios. Es un consejo.
Prácticamente la misma foto ofrecían esta mañana El Mundo y El País en sus portadas sobre la reunión de Zapatero con los directores de algunos de los bancos y cajas más importantes del país. Probablemente ambas instantáneas fueron tomadas con apenas unos pocos segundos de diferencia. Es tan sutil que hay que fijarse con el mismo cuidado con el que se fijaron los directores de ambos periódicos a la hora de elegir una u otra. En la imagen de El País aparecen Zapatero y los directores de bancos y cajas charlando y dando la sensación de estar solucionando los problemas económicos de nuestro país. El titular: “Zapatero eleva la garantía de los ahorros”. El País anuncia una medida contundente, y le otorga tal mérito al Presidente del Gobierno.
La imagen de El Mundo va de acuerdo con el titular: “Zapatero improvisa una reunión para escenificar la confianza en la banca”. La foto refleja la escenificación: los presidentes (casi todos) y Zapatero mirando a la cámara y sonriendo, como si fuera una foto de crucero. Un segundo puede cambiar totalmente el sentido de una instantánea.
Tanto El País como El Mundo aciertan en su elección al ofrecernos imágenes en concordancia con sus titulares y con la forma de plantear la noticia de la reunión. Según El País, un encuentro efectivo y necesario en el que se han tomado decisiones importantes y meritorias para Zapatero. Para El Mundo un brindis al sol, un gesto vacío. Puro teatro. Es bueno ser consciente de que los periódicos no dejan nada al azar en sus portadas con el fin de interpretar la realidad según sus intereses. Cada detalle está pensado muy cuidadosamente.
Lo mismo parece hacer Moncloa al sentar más cerca de Zapatero a los presidentes de los bancos más importantes. Más lejos a los presidentes de bancos y cajas menores. Finalmente, el único que no reposa su trasero en un sofá es el único vicepresidente, ante la ausencia de Emilio Botín, presidente del Santanter. ¿Casualidades?
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