Archive for julio, 2008

A 50 metros

Miércoles, julio 30th, 2008

Leo en ADN que el Ayuntamiento ha aprobado una nueva Ordenanza Reguladora de Distribución de Prensa Gratuita en la Vía Pública. Estas nuevas normas de tan largo nombre cambiarán la forma en la que se distribuye la prensa gratis en la capital, especialmente en lo referido a la situación de los chavales distribuidores en la calle. No podrán situarse a menos de 50 metros de los quioscos o los lugares de venta de periódicos. Tampoco deberán “obstaculizar” las salidas de metros, estaciones, intercambiadores, centros comerciales y demás, que ya se forman suficientes colas de forma natural. Tampoco podrán plantarse los repartidores de prensa gratuita delante de museos o monumentos, ni en parques o jardines. Tal vez hubiéramos acabado antes si el Ayuntamiento hubiera determinado los lugares en los que puede distribuirse prensa gratuita. Pero a los políticos les gusta más determinar los límites que concretar las libertades. El caso es que va a ser complicado que los repartidores encuentren un lugar en la ciudad que no incumpla la nueva normativa. Ya incumplen la distancia mínima determinada por la normativa algunos quioscos y puntos de venta, que en algunas calles es de 100 metros. Si la cumplieran a rajatabla, el repartidor de prensa gratuita debería estar en el punto medio exacto entre los dos quioscos (a 50 metros de cada uno) y tener la misma cintura de Kate Moss para que ninguno de los quiosqueros se sintiera ultrajado. Además, en muchos casos, en ese punto medio habrá una carretera o un edificio de viviendas en el que el anoréxico repartidor no podrá colocarse.

La normativa carece de sentido. El modelo gratuito es el normal en otros medios como televisión, radio o internet, donde el pago por ver y oír es muy minoritario. Además, decir que la prensa gratuita le quita público a la prensa de pago es como decir que los que no cobramos por sexo quitamos cuota de mercado a las prostitutas de Gran Vía. Esta medida es equivalente a que hiciera falta un aparato de televisión distinto para ver los canales gratis y los de Pay per View o a que un músico no pudiera tocar en la calle a menos de 50 metros de una tienda de discos.

La prensa gratuita y la de pago son productos diferentes, con contenidos diferentes en su planteamiento y extensión (y normalmente, calidad), y dirigidos a un público algo distinto. No tiene sentido que un gobierno del Partido Popular apruebe medidas tan antiliberales que perjudican al sector, y que demuestran un absoluto desconocimiento del mismo. Si alguien no quiere pagar un miserable euro por un periódico de 60 páginas está en su derecho de conseguir un diario más pequeño y sin cargo alguno que, como las televisiones o las emisoras de radio, vive de la publicidad.
En definitiva, la prensa gratuita es una auténtica apestada. Y lo que resulta el colmo es que sean los poderes públicos los que se inventen competencias desleales cuando son ellos, con sus televisiones gubernamentales, los únicos que compiten en desigualdad de condiciones con las demás empresas del sector.

Trenes

Lunes, julio 28th, 2008

Nos cuenta el diario Levante que el pasado martes se inició la destrucción de los vagones de tren del metro que sufrió un accidente en Valencia que costó la vida a 43 personas. El titular advierte que “FGV desguaza el metro del accidente con dos recursos pendientes” y nos dice que “Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) comenzó ayer a desguazar el tren del accidente del metro en el que murieron 43 personas, y que custodiaba la misma empresa”. El accidente ocurrió hace dos años, que es el tiempo que ha tardado el juez en dar su autorización para destruir los trenes. Uno de los abogados recurrió la decisión, y un recurso del Constitucional también está pendiente de aprobación. Aún así la FGV ha procedido a desarmar los citados vagones. Dos años después, como decía.

La noticia de Valencia no la recogen muchos medios. No es especialmente relevante, salvo si la contrastamos con otras cosas. No hay muchas personas que sepan cuál fue el proceder que tomaron las instituciones judiciales tras los atentados del 11-M en este mismo asunto. Planteemos varias hipótesis. Imaginemos que el juez Del Olmo, que dirigió la instrucción, hubiera autorizado la destrucción de los trenes dos años después de los atentados, con la fecha del juicio por los atentados aún sin determinar. Hubiera sido una imprudencia y una injusticia para las víctimas y los acusados que no hubieran podido reclamar más pruebas si las hubieran requerido. Por suerte no ocurrió. Imaginemos por un momento que el juez hubiera ordenado la destrucción de los trenes un año después de los atentados. El juez podría pensar que había pasado suficiente tiempo y que los hechos estaban claros, y mantener los trenes tal como quedaron tras las explosiones era absurdo. Además seguro que ocupaban mucho espacio innecesariamente. Imaginemos que el juez hubiera decidido autorizar la destrucción de los trenes un mes después de los atentados. Tamaña canallada. El juez pensaría que después del supuesto suicidio de los terroristas que murieron en Leganés, los culpables estaban claros y nada quedaba por ser esclarecido. Como última hipótesis, imaginemos, haciendo un esfuerzo, que el juez hubiera autorizado la destrucción de los trenes dos días después de los atentados, en pleno 13-M, con un país triste, confuso y boquiabierto y a un día de las elecciones. No se me ocurre alguna razón para que el juez ordenara la destrucción de los trenes, casi aún humeantes, 48 horas después de aquella mañana trágica. Es una hipótesis inconcebible y exagerada, difícil de contextualizar y justificar, en la que el juez ordenaría la eliminación de las principales pruebas antes de su estudio y sin ni siquiera devolver sus pertenencias a las víctimas.

De todas las hipótesis que he planteado, una de ellas corresponde a lo que realmente ocurrió. Si piensan mal, en efecto, acertarán. El juez del Olmo ordenó el desguace (concienzudo) de los trenes dos días después de los atentados.

Esta destrucción impidió, por ejemplo, que hubiera pruebas que sirvieran para determinar el explosivo utilizado en los trenes. El juez supuso, y así lo subrayó la Audiencia, que lo que explotó en los trenes fue lo mismo que se encontró posteriormente en otras mochilas sin explotar, como la encontrada en la Comisaría de Vallecas. No comprobó in situ, y solamente supuso, algo que no debería tener ningún valor judicial. El Tribunal Supremo evidenció, en su reciente sentencia, que el juez se equivocó con esta decisión y que impidió estudiar en alguna profundidad las evidencias directas del escenario de los atentados.
El 11-M no fue un accidente, así que sus pruebas fueron, sin caben, más importantes que en la desgracia valenciana. No hubo abogado alguno que pudiera recurrir puesto que aún se estaban identificando cadáveres y faltaban años para que el juicio siquiera se planteara. Las quejas del diario Levante sobre la destrucción de los trenes de Valencia puede que tenga sentido, al haber aún recursos por resolver. Pero mucho más graves, escandalosamente más graves fueron las decisiones que tomó el juez Del Olmo pocas horas después de los atentados. Sus posibles intenciones ponen ante una situación vergonzosa a nuestra democracia y nuestra Justicia. Una injustificable decisión (por incompetencia o por maldad) que en cualquier país decente le hubiera costado el puesto al juez. Pero no en España. Y es que en nuestro país el verbo “dimitir” se ha convertido casi en un arcaísmo.

Otras pobres argumentaciones contra el Manifiesto por la Lengua Común

Miércoles, julio 23rd, 2008

En el pasado post vimos la opinión de Pere Gimferrer, opuesto frontalmente al Manifiesto por la Lengua Común. Hoy vamos a ver otras argumentaciones. Primero la de Lucía Etxebarría, que entraría en el grupo de los que dicen que el documento es exagerado.

Etxebarría, que se queja de no tener más espacio en su columna de ADN (no la culpo, ni tampoco al periódico de no dárselo), tira la mitad de su artículo repasando las supuestas razones por las que votamos los españoles en cada una de las elecciones, en un análisis sin sentido y escandalosamente simplista (propio de la autora). En la segunda mitad de su escrito, para criticar el manifiesto, la escritora usa argumentos de peso como que “Vitoria Gasteiz” está escrito así en todos los carteles de la autopista, o que lleva “cuatro días expresándome en castellano” y no ha conocido “el menor problema”. Dice que incluso se ha encontrado al Lehendakari y ha hablado con él en español. Admirable acto de humanidad, especialmente porque Etxebarría, como el 70% de los vascos, no habla euskera, y de no comunicarse en castellano con el lehendakari, sencillamente no hubiera podido hacerlo. Precisamente esta es la razón por la que en el País Vasco casi todas las señalizaciones oficiales y casi todos los documentos oficiales se encuentran en castellano, o, en algunos casos, en ambas lenguas. El propio Ibarretxe se puso a aprender euskera hace 10 años, solamente cuando su partido le propuso ser candidato a lehendakari. Dice Etxebarría que si quisiera que sus hijos estudiaran en castellano, solamente tendría que llevarles a un colegio concertado. Eso es como decir que para que sus hijos aprendieran ruso, solamente tendría que pagarles unas clases particulares con un nativo moscovita. Uno no tiene por qué querer o poder pagar un colegio concertado. Ella sí, que ganó el Planeta y vende sus libros como lo que son: unos churros. Finalmente la autora concluye volviendo a su argumento de que ella habla español desde Santurce a Bilbao y nadie la pega ni la escupe. El manifiesto no dice que eso ocurra, así que no entiendo su argumentación.

Otros, como Antonio Papell de El Periódico de Cataluña, a pesar de reconocer que el manifiesto es “obvio e inobjetable” en su contenido y en sus reclamaciones, lo consideran innecesario. Papell reconoce que lo que el manifiesto reclama (lo que denomina “algunos abusos reprobables”) existe y debe corregirse. Pero a su vez cree que el manifiesto se ha usado para obtener un rédito político y para enfrentar. “El manifiesto ha sido tomado como un agravio por buena parte de las sociedades de las comunidades con lengua diferenciada” nos cuenta Papell. Pero, si lo que dice el manifiesto es cierto e “obvio e inobjetable”, que se tome como un agravio por ciertas personas es equivalente a que la Declaración de los Derechos Humanos (igualmente obvia e inobjetable) sea una ofensa para, por ejemplo, el nazismo. La contradicción que nos ofrece el periodista de El Periódico es notable, al atreverse a poner por delante de la verdad (y de lo “obvio e inobjetable”) el hecho de que alguien se pueda sentir ofendido. La verdad, por ofender, no deja de ser cierta.

Finalmente, veamos un tercer caso. Un estrambótico y pueril ejemplo. Es el que Enrique Bordes nos ofrece en Escolar.net. El blog de Escolar ha dejado de ser un blog personal para convertirse en un cajón desastre de “escritores” y “pensadores” progresistas que bajan bastante (más) la calidad de los contenidos del blog. Todo un error. Bordes nos cuenta una maravillosa ocurrencia que tuvo de buena mañana. El diario El Mundo lleva días mostrando en sus páginas diversas señales de tráfico y carteles oficiales de las regiones bilingües, que estaban escritos solamente en una lengua. A menudo en la regional, y no en castellano (algo claramente inconstitucional). También está recogiendo fotos de los lectores que recojan carteles unilingües en esta página. Cabreado, el escritor de Escolar.net Enrique Bordes decidió bajar a la calle, cámara en mano, y tomó algunas fotografías de carteles de tiendas de empresas con nombres en otros idiomas como Starbucks Coffe, The Phone House o Marionnaud Parfumeries. Bordes dice cosas como que está “empeñado en montar una guerra total” (suponemos que contra el manifiesto) y se pregunta “¿Por qué buscar batallas fuera cuando el enemigo está en casa?, ¿o será que a lo mejor es todo una excusa y lo del castellano, en realidad, les importa un bledo?”. La verdad es que Bordes tiene un serio problema al ser incapaz de distinguir entre empresas privadas e instituciones públicas. El manifiesto pide que sean los gobiernos (central y regionales) los que amparen y cuiden el castellano en todo el territorio español en todas sus obras públicas o acciones de comunicación públicas. Lo que no se puede pedir es que las empresas privadas adapten obligatoriamente sus marcas comerciales a nuestro idioma. Vamos, el simple planteamiento (en su debilidad e infantilidad) debería avergonzar a Bordes. No se recuerda argumento más falso y torticero. No merece más mención.

Sospecho que, a pesar de que el manifiesto es realmente breve (apenas 4 páginas), muchos de los que se declaran en su contra, ni siquiera lo han leído. El manifiesto no dice que si hablas en castellano en Galicia, Baleares, Euskadi o Cataluña te apedreen, te lapiden o te tiren al mar. Aquí estamos hablando de unos derechos por los que el Estado debe velar, como es que los españoles puedan estudiar en castellano. Afirmar que pagando podemos conseguir que esos derechos nos sean concedidos, como insinúa Etxebarría, es un argumento demasiado absurdo (y liberal) para la mentalidad de la escritora. Decir que el manifiesto es perfectamente correcto, pero que puede ofender a algunas personas es el tipo de amilanamiento gratuito e innecesario en el que se vienen sustentando todas las mentiras de nuestra historia. Y mezclar lo privado con lo institucional es una estupidez propia de marxistas trasnochados, que no son capaces de distinguir lo público de lo particular. Algunos seguimos esperando una sola argumentación decente que rebata razonablemente lo que dice el Manifiesto por la Lengua Común (no lo que cada uno cree que dice). Sigo esperando que alguien sea capaz de justificar que un español no tiene derecho a ser atendido en castellano en cualquier parte de España por una institución pública, o que no tiene derecho a leer carteles informativos y oficiales en español, o que no tiene derecho a que sus hijos estudien en castellano como lengua vehicular en un colegio público. Sigo esperando.

Sobre el Manifiesto por la Lengua Común

Martes, julio 22nd, 2008

El diario El Mundo parece contento con “su” Manifiesto por la Lengua Común. Tiene razones para ello, especialmente teniendo en cuenta la notoriedad que ha conseguido el documento. Hasta el Presidente ha dado su opinión al respecto: “Firmaría un manifiesto que defienda el castellano y el resto de lenguas”. El número de firmantes no es tan importante como la relevancia que ha conseguido la propuesta: 132.000. Todavía hay margen de crecimiento, pero por el momento son pocos firmantes teniendo en cuenta que solamente ElMundo.es es visitado cada mes por entre 7 y 8 millones de españoles (apenas un 2% de sus visitantes habrían suscrito el manifiesto). Entre los firmantes destacan intelectuales de todo tipo, Telecinco (no entiendo que una cadena de televisión pueda suscribirse), Telemadrid (lo dicho), Casillas, Luis Aragonés o el que aquí escribe. Veremos hasta dónde llega el número de firmantes.

De momento, las voces que se han declarado en contra del manifiesto han sido variadas. Muchos han tenido casi que disculparse por no suscribir el documento, lo que dice bastante a favor del mismo. Algunos, como Antonio Gamoneda (aquel desconocido Premio Cervantes que Zapatero eligió a dedo), firmaron inicialmente el manifiesto para luego retractarse por diferentes razones. Absurdas todas ellas, puesto que el contenido del texto no ha variado (lógicamente) en ningún momento, y si alguien estaba de acuerdo con el mismo hace diez días, carece de sentido no estarlo ahora. Pero hasta tal punto llega el “rebañismo” en España, que, si el PSOE dijera que el manifiesto es magnífico, el número de suscriptores del mismo sería notablemente mayor.

El otro día Pere Gimferrer (en la imagen), miembro de la RAE, concedió una aburrida entrevista al periódico La Vanguardia, en la que el entrevistado ofrece un par de citas (a veces absurdas) a cada pregunta que se le realiza, con lo que su opinión queda casi reducida a una pedante recopilación de frases que pronunciaron o escribieron otros en el pasado. Escarbando entre las citas encontramos palabras del propio Gimferrer. El académico dice, por ejemplo, que “Cualquier lengua española es parte del patrimonio español”. Esta es la expresión que da título a la entrevista, y es justo lo que dice el manifiesto de El Mundo en su primer punto:

“Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido”

De lleno. El periodista de La Vanguardia realiza una de sus preguntas:

-”¿Cree que el castellano está discriminado?”

-”No me corresponde entrar en ello pero ahí están las cifras con la proporción de ejemplares difundidos de prensa y de libros en los dos idiomas, por no hablar del mundo audiovisual.

Ahí están las cifras de castellanoparlantes y las de catalanoparlantes, pero claro, no le corresponde “entrar en ello”, pero de todo lo demás habla con total libertad y autoridad, qué curioso. El castellano está discriminado allí donde las autoridades públicas se afanan por eliminarlo de todo documento público, de toda obra pública, de los medios de comunicación pública y de la educación pública. Ahora Gimferrer podría decirnos a todos en qué lugares ocurre, pero “no le corresponde”.

Otra pregunta destacable (poco objetiva, la verdad):

-”El manifiesto sitúa al castellano en una jerarquía superior al catalán. ¿Qué le parece?”

-”Lo que piden es el derecho a no saber una lengua distinta del castellano. No sé si la ignorancia es sujeto de derecho. No hay lenguas superiores a otras, el francés no es superior a ninguna otra lengua porque haya dado a Proust, el alemán no es inferior porque el nazismo se haya expresado a través suyo. Cada lengua tiene lo que tiene.”

Bueno, el manifiesto da al castellano la jerarquía que le reconoce la Constitución, ni más ni menos. El caso es que Gimferrer vuelve a coincidir con el manifiesto, precisamente, en que no hay lenguas superiores a otras, como vimos en el primer punto. Por eso mismo, los firmantes del manifiesto piden (pedimos) que en Cataluña, Galicia, Baleares o el País Vasco (por ejemplo) el castellano reciba el mismo trato, por parte de sus correspondientes instituciones, que su lengua regional. Es así de simple. El manifiesto no pide más. No creo que sea tan grotesco.

Nueva pregunta:

-”¿Le preocupa la reproducción cíclica de este debate?”

-”Ya no. Mi impresión es que se irá encauzando por la vía política, que es su ámbito natural.”

Vaya, a diferencia de otros autores que se quejan de que se haga política con estos temas, Gimferrer entiende que este debate debe resolverse en el ámbito político.

Las palabras de Gimferrer no aportan nada. Todo son generalidades o coincidencias claras con el manifiesto, que sin duda el académico catalán debería suscribir. El manifiesto es lógico y evidente, por lo que no estar de acuerdo con él es complicado. Las más duras críticas al manifiesto acaban convirtiéndose en una repetición de lo que dice el texto. Y es que no parece extravagante o injusto subrayar que el castellano es la única lengua cuya comprensión se puede exigir a todos los españoles, y que todos los ciudadanos de España tienen derecho a ser educados en castellano. No parece extravagante injusto que todos los españoles tengamos derecho a ser atendidos en castellano (o en las respectivas lenguas cooficiales) en las instituciones públicas de todo el territorio. No parece extravagante o injusto que los edificios oficiales y las obras públicas tengan su rotulación en castellano (o bilingüe). No parece extravagante e injusto que los representantes políticos usen la lengua castellana en sus funciones institucionales de caracter estatal. Pues a algunos sí se lo parece…

Puntos de vista y deformaciones

Sábado, julio 19th, 2008

El Supremo revisó la sentencia que la Audiencia había determinado por los atentados del 11-M , y dictó la suya propia. La nueva decisión del Supremo pone en la calle a cuatro encarcelados “por falta de pruebas” y devuelve a la cárcel a Antonio Toro, cuñado de Trashorras, uno de los grandes responsables de los atentados. Además, el Supremo reduce la condena a otros acusados, al no poder demostrar algunas de las acusaciones que se le imputan. El alto tribunal ratifica también la absolución de “El Egipcio”, que en un principio partía como el gran responsable ideológico de la matanza de Madrid, y al final ha resultado ser tan culpable como usted o como yo.

Como era de esperar, cada periódico se ha posicionado de acuerdo con la actitud que ha venido demostrando estos años con respecto al 11-M, independientemente del contenido de la sentencia. Así, el pasado viernes 18 encontrábamos portadas que decían prácticamente lo contrario entre sí. Por ejemplo las de El País y El Mundo que vemos a la derecha. “El Supremo respalda todos los datos clave de la sentencia del 11-M”. En parte sí, aunque los absueltos por el Supremo seguramente tendrán otra opinión ahora que han recuperado su libertad, tras haber sido señalados, ante todos los medios del país, como culpables o colaboradores de la muerte de 200 personas. El País subtitula “El alto tribunal aniquila el último resquicio de las teorías conspirativas”. El diario de Prisa vuelve a usar el verbo “aniquilar” para hablar del 11-M, como ya vimos en El innecesario entusiasmo tras la sentencia. El otro día los jueces aniquilaban “el último bulo”, y ayer el Supremo “el último resquicio” de las teoría conspirativas. Tal vez es una fina o basta ironía que yo no sé entender, pero sería sin duda preferible buscar otro verbo con menos connotaciones, que resultan del todo innecesarias.

El Mundo nos contaba que el Supremo había dado un “golpe de gracia” a “aspectos clave de la versión oficial”. El diario de Pedro J. presumía de que solamente había tres condenados directos por los atentados, y casi celebraba que “El Egipcio” hubiera vuelto a ser absuelto. El Mundo tiene razón en que el caso queda sin autor intelectual, sin ideólogo ni planificador conocido. Pero en el diario de Pedro J. saben también que no es suficiente, y que sus aspiraciones de derrotar totalmente a la versión oficial defendida por el Gobierno y todos los medios de izquierda (odio el término, pero existen, oigan) no se han visto cumplidas. Por el momento, al menos.

El caso es que, como el Supremo ha modificado algunas cosas de la sentencia de la Audiencia, pero ha mantenido la mayoría (lo contrario hubiera sido un escándalo histórico), El País y El Mundo tienen derecho a ver el vaso medio lleno o medio vacío, aunque tal vez debieron ser menos contundentes y eufóricos.

Estos dos diarios, junto con Público, fueron los únicos que reflejaron la noticia como la más importante del día. El diario de Mediapro optó por ofrecer un desagradable montaje, sin duda inspirado en la portada del disco “The Miracle” de los pseudo-extintos Queen, elegida hace meses por la revista Rolling Stone como una de las portadas más feas de la historia del pop-rock.

En este caso no encontramos a Mercury y compañía, sino a Losantos, Aznar, Pedro J., Zaplana, Acebes y Alcaraz, ex-presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. “El Supremo da la puntilla a la conspiración” titula el diario de Ignacio Escolar. Titular especialmente coloquial, especialmente ridículo, aunque menos agresivo que los usados por El País. Por otra parte, no tiene mucho sentido igualar a periodistas, políticos y a una víctima del terrorismo. Las funciones, el papel y las responsabilidades de Losantos, Aznar o Alcaraz son tan dispares y tan distintas que es absurdo y ridículo igualarlos en un ser hexacéfalo que da algo de repulsión. Veamos el subtítulo: “El Supremo confirma la autoría islamista, no ve rastro de ETA en los atentados y reprocha a la Audiencia Nacional la absolución de El Egipcio, que fue juzgado como inductor”. El apodo de “El Egipcio” debería ir entrecomillado, salvo que Rabei Osman Al Sayed se llamara “El” y se apellidara “Egipcio”. Esta falta, de primero de periodismo, la han cometido varios periódicos esta semana.

Pero, mucho más grave que el descuido ortográfico, resulta afirmar que el Supremo “no ve rastro de ETA”. No, claro que no ve rastro de ETA. El papel del Supremo no es ver rastro de ETA, no es investigar las conexiones entre el terrorismo islámico y el vasco o el irlandés. Su misión no es añadir pruebas al caso, encontrar evidencias, interrogar testigos… El Supremo solamente puede, a tenor de las pruebas, confirmar o variar partes de la sentencia dictada por la Audiencia, que a su vez está basada por una investigación sobre la que el Supremo no tiene ninguna competencia. Es decir, a la Audiencia le presentan algo blanco contenido en una botella. La Audiencia decide si es leche o no basándose en las pruebas. Posteriormente, el Supremo solamente puede confirmar que cree que, a tenor de las pruebas presentadas por la Fiscalía y reelaboradas y contrastadas por la Audiencia, la sentencia es razonable o no. El Supremo no puede hacer nada por demostrar que no se trata de leche, sino de horchata. Como mucho, podrá dictar que leche no es, porque no hay pruebas que lo demuestren.

Público debería no intentar engañar a sus lectores dándoles a entender que el Supremo podría haber encontrado algún rastro de ETA (algo evidentemente imposible). También debería intentar evitar montajes de mal gusto y de poco sentido, que demuestran una visión simplista de las cosas y del mundo, dividido en “buenos y malos”, socialistas y canallas.

Melones contra la libertad

Miércoles, julio 16th, 2008

Hasta en siete ocasiones ha sido demandado Losantos en los últimos meses, convirtiéndose en toda una moda. Otros periodistas dirán barbaridades mucho mayores, como vimos en el post Los gilipollas o en Un absurdo y peligroso precedente, pero no son Losantos.

El periodista de la COPE ha pasado hoy de nuevo por el juzgado. Esta vez la demanda proviene de alguien de su propio gremio, lo cual lo hace aún más sangrante y vergonzoso. El ex director de ABC, José Antonio Zarzalejos, le pide a Losantos 600.000 euros por los calificativos que el periodista de la COPE le dedicó. La demanda interpuesta por Zarzalejos es cómica. Aparte que la indemnización que pide el director de ABC es una soberana y desproporcionada estupidez propia de una pataleta de alguien que busca sacar un pellizco de una situación que se le presenta por casualidad. No hay en el mundo injurias que merezcan una indemnización de 100 millones de pesetas. Pero por pedir que no quede, claro. Y si cuela, cuela. ¿No, Zarzalejos?

El ex director de ABC pide esta cantidad como compensación a los daños morales que asegura haber sufrido por los insultos referidos a él. La demanda además subraya lo que ha sufrido la familia del ex director por ciertos insultos. La demanda recoge algunos de estos insultos de forma literal. La lista no tiene desperdicio: “sicario”, “necio”, “inútil”, “torgo”, “detritus”, “escobilla para los restos”, “melón” (mi favorito, sin duda), “zote”, “embustero”, “traidor”, “falsario”, “miserable”, “pobre enfermo” y “despojo intelectual” (entre otros que no han trascendido a la prensa). Una lista de injurias especialmente cruel, donde “melón” destaca por su dureza y crudeza, que seguramente habrá supuesto al menos un 30% de lo que Zarzalejos pide en su demanda. Si uno de estos calificativos es motivo de delito, el cerco que la Justicia marque a la libertad de expresión de los periodistas (y de los no periodistas) quedará definitivamente reducido a lo ridículo y estúpido. Qué asco (¿se puede decir “qué asco”?) si en este país no se puede decir libremente que un tipo es una mierda, un enfermo, un traidor, un inútil, o que recuerda a una determinada fruta. Debería la prensa olvidarse de hacer cualquier mínima crítica sobre cualquier personaje público, o se arriesgará a una demanda. Se acabaron los adjetivos en las columnas de opinión, en las tertulias de radio y en los programas basura de televisión.

Bueno, seamos justos. La demanda no solamente se justifica en estos duros insultos. Hay algo que ha dolido especialmente a Zarzalejos: el apodo que le puso Losantos, “Carcalejos”. Dios, qué barbaridad salida de una mente malvada, aviesa y retorcida. Qué humillación más propia de una clase de primaria. Dice el ex director de ABC que este apodo “afectaba a toda mi familia”. “Mis hijos, sobrinos y mi padre han tenido que soportar continuas chanzas e ironías desde que empezó a llamarme ‘Carcalejos’”. Todo el mundo hacía coñas al respecto por todas partes. Los compañeros de clase de sus hijos, acosumbrados a escuchar a Losantos a las 6 de la mañana, eran especialmente crueles. Sus sobrinos, bueno, aquello era un infierno de bromas y “chanzas” que apenas les dejaba vivir. Y su padre, bueno… ni hablamos de las humillaciones que tenía que soportar en el asilo. Zarzalejos por alguna razón no menciona a más familiares, como hermanos, primos, compañeros de la mili…

La verdadera razón por la que el ex director de ABC demanda a Losantos es por el daño que el periodista de la COPE (apoyado por El Mundo) hizo a las ventas de ABC, lo que acabó costando el puesto a Zarzalejos, que ahora intenta expresar su rabieta a través de la Justicia. Sin tener en cuenta todos los insultos que otros han pronunciado antes y que recogía en los posts arriba mencionados, ni los que el propio ABC haya vertido contra, por ejemplo, el Presidente del Gobierno, el juez debería absolver a Losantos. Sin tener en cuenta que Zarzalejos dijo en ABC que la COPE y El Mundo eran unos “extremistas fanáticos y separatistas” o que difundían “mentiras y manipulaciones” (que es lo mismo que llamarles “falsarios”) el juez debería, por el bien de todos (menos el de los sobrinos de Zarzalejos) absolver a Losantos. Esperemos que la Justicia no vuelva a recurrir a que lo que dijo el periodista de la COPE no está amparado por la libertad de expresión (como hizo en la sentencia a favor de Gallardón) porque seguirá ahogando poco a poco, juicio a juicio, a uno de nuestros derechos más fundamentales.

Las cifras de la información deportiva (sexta parte)

Martes, julio 15th, 2008

Última parte del especial dedicado a la información deportiva en nuestro país. Aquí el pdf completo:

Las cifras de la información deportiva en los medios españoles (y otras cosas)

Y aquí la última parte:

Las cifras de la información deportiva en los medios españoles (y otras cosas) 6

Conclusiones y obviedades
He tratado de dibujar, con mayor o menor éxito, el volumen de información deportiva que se maneja en nuestro país, remarcando su importancia por el número de seguidores que atesora este género informativo. Tal vez podríamos haber calculado una media de minutos diarios de programación de radios y televisiones dedicados al deporte. O una media de páginas de periódicos de información general (que estará entre 8 y 12 dependiendo de los casos). Pero el estudio me parecía algo exhaustivo, y bastantes cifras he tenido ya en cuenta como para seguir mareando la perdiz. La información deportiva en España es un género de primerísimo orden que se sitúa por encima de otras especialidades tan importantes como la Cultura e incluso la Economía. Es más, si a la información política, internacional y de sociedad la consideramos como “periodismo generalista”, estaríamos admitiendo más o menos tácitamente que la información deportiva es la especialidad periodística más importante por volumen de información y de negocio. Y, sin duda, la información deportiva en televisión (con las inversiones millonarias que realizan las cadenas para conseguir en exclusiva la retransmisión de casi cualquier evento) es la que más dinero mueve de toda la profesión, por mucho que cobre Ana Obregón por asistir a un plató. Nada mueve tanto dinero en los medios como el deporte. Nada. Aún así, tenemos que presenciar en algunas universidades un absoluto desprecio hacia esta especialidad periodística de primerísimo orden en un país como el nuestro, bastante “deportivo” de por sí (y cada vez más).
Dentro del deporte, el fútbol es el que manda con claridad. Las cadenas saben que cualquier partido, por malo que sea, tiene más audiencia que casi todos los programas de su parrilla. Mediapro, por ejemplo, ha firmado en los dos últimos años contratos por un monto total de más de 3.000 millones de euros solamente dedicados a derechos en retransmisiones deportivas, entre los que destacan, aparte de las inversiones hechas en derechos de clubes de fútbol, los 200 millones por los derechos de la Fórmula 1. Una cifra impensable hace unos pocos años.
Por medios, la televisión es el gran testigo de los eventos deportivos, y por lo tanto la que mayor atención consigue reunir. Detrás de ella viene la prensa, que ha sabido especializarse mejor que ningún otro medio. Para que el éxito del deporte en la radio fuera proporcional al de la prensa, Radio Marca debería ser la emisora más seguida del país, como lo es su periódico hermano. En cualquier caso supongo que los medios distintos merecen un trato diferente. No hay que menospreciar el éxito, y sobretodo, la tradición del deporte en la radio. Todos los días hay una media de 3 ó 4 horas de información deportiva. Una media mayor que la que ofrece la televisión. Y es que “los Buenafuente” de la radio hablan de fútbol, baloncesto y motos.
El éxito, en internet, también es evidente. Marca.com es una de las páginas en castellano más importantes del planeta, especialmente si despreciamos buscadores y demás portales no dedicados a ofrecer contenidos propiamente dichos. Y no muy lejos anda As.com y algunas otras iniciativas. Y sorprendente es la cifra de 5 millones de usuarios únicos al mes que visitan Realmadrid.com.
Por cierto, la decepción y frustración que uno siente al consultar los estudios de audiencia es considerable. Es una triste vergüenza comprobar cómo cada empresa tiene su sistema de medición, cómo los medios van cambiando de empresa auditora de sus resultados hasta que consiguen encontrar alguna que les dé las suficientes palmaditas en la espalda. Volvamos al tema.
Supongo que el éxito del deporte va en proporción en todos los medios, aunque su comportamiento sea diferente. A través de las cifras, que en un principio puse en duda, hemos podido hacernos una idea más o menos precisa de la importancia del deporte en el periodismo y en el ocio en general. La información deportiva es un género de primer orden, que crece día a día, y que económicamente es probable que toque techo muy pronto. Algunos dirán que es un género menor, que no habla de temas serios y trascendentes y de verdadera importancia para el hombre. Pero yo creo que, si bien es cierto que los michelines de Ronaldinho no nos van a quitar el sueño por la noche (salvo en una pesadilla), y que la influencia del deporte no va a cambiar nuestras vidas, no hay que infravalorar la importancia del ocio, del espectáculo y del entretenimiento. No todo puede ser política, y la información deportiva es junto con la del corazón (y la ficción televisiva) los grandes pilares del entretenimiento en los medios de nuestro país. Y, ya que la política y la economía no nos dan más que disgustos, es mejor distraerse y evadirse un poco. La sociedad (ahora que las horas de trabajo se han reducido y que no tenemos (en teoría) problemas para buscar comida o techo) necesita información y retransmisiones deportivas, ahora tanto como nunca. Y, con todo, el deporte se está aprovechando de este mayor consumo de ocio. No podemos más que decir, a la vista de todas las cifras y evidencias, que el deporte está en forma.

Desgracias ajenas

Sábado, julio 12th, 2008

Como en las guerras, en las que se exageran las hazañas, el daño infligido al contrario y las bajas del enemigo, así parecían comportarse los periódicos deportivos catalanes el pasado martes. Cristiano Ronaldo había sido operado de una lesión que venía meses arrastrando. Los diarios madrileños coincidían en que, tras la intervención, el jugador portugués tendría que pasar un mes recuperándose. En Cataluña no opinaban así. Según El Mundo Deportivo, el presumible fichaje del Real Madrid deberá pasar al menos dos meses de baja. Vaya, es el doble de tiempo… Qué cosas.

Por su parte el diario Sport iba más allá: “Cristiano Ronaldo, tres meses KO”. Es decir, mientras los periódicos de Madrid especulan que Cristiano Ronaldo podrá comenzar la pretemporada casi con normalidad, en Sport aseguran que estará de baja hasta la primera semana de octubre. Acompañaban su noticia de una foto de Cristiano con cara de dolor y estreñimiento para dar más fuerza al mensaje.

Los periódicos deportivos se afanan siempre por dar a su público lo que quiere leer. Buenas noticias del equipo local y malas del equipo rival. Este fenómeno es bastante más acusado en los periódicos catalanes, que ahora empiezan a rozar lo paranoico entrando en ese absurdo juego de “quién da más”. El tiempo dirá quién se ajustó más a la realidad, pero seguramente la recuperación del jugador finalizará en la primera quincena de agosto. El caso es que el día que un jugador del Madrid se rompe la rodilla El Mundo Deportivo dirá que tuvieron que amputarle la pierna y Sport que se teme por su vida.. Y es que una cosa es dar a los lectores lo que quieren leer y otra inventarse la realidad cuando nos conviene.

El innecesario entusiasmo tras la sentencia

Miércoles, julio 9th, 2008

Asistíamos ayer a la sentencia del juicio del llamado “caso del ácido bórico” en el que se juzgaba a varios mandos policiales por modificar indebidamente un documento que establecía una relación (débil, la verdad) entre ETA y el 11-M. Los policías fueron absueltos, aunque en el juicio quedó remarcado que su actuación fue indebida pero que no suponía un delito. Es decir, no les mandan a prisión pero esperan que no se repita. El caso es que los periódicos digitales se lanzaron ha publicar la absolución en sus habituales urgentes que aparecen en la parte superior de sus páginas, y que apenas ofrecen información y que son en plan “yo lo vi primero”. ElMundo.es era el primero en ofrecer el urgente: “Absuelven a los mandos policiales por el caso del “ácido bórico”. Lo hacía hacia las 11:56. ElPaís.com tardaba un poco más en ofrecer la noticia, seguramente porque estaban descorchando el champán y brincando por las mesas de la redacción. La versión digital de El País decía así: “Cae el último eslabón de la teoría de la conspiración del 11-M al ser absueltos los 4 policías del caso del ácido bórico” (ni una comilla en “teoría de la conspiración” ni en “caso del ácido bórico”).

Un urgente totalmente objetivo como podemos ver… Toda la “teoría de la conspiración”, que pendía de un hilo (o un eslabón) se acaba de caer, porque El País lo dice. Solamente les faltó añadir al final del urgente un “que se jodan” que lo hubiera completado a la perfección.

Hoy amanecía exultante la versión de papel. “Los jueces aniquilan el último bulo conspirativo sobre el 11-M” decía en su portada. “Aniquilan”, nada menos. Pasan a cuchilla al último bulo como si fuera una gallina o la barba de Sara Montiel. ¡Zas! Aniquilado el último bulo. Qué cosas tienen en El País. Tratan el “caso del bórico” con el mismo respeto que una exclusiva de Belén Esteban.

Deberían recordar que la Justicia admitió a trámite el caso tras estudiarlo. Y si lo hizo es porque vio indicios de un posible delito, que finalmente no ha condenado. Y, como la sentencia ha dicho, los policías modificaron indebidamente un documento oficial. Y, de paso, en PRISA deberían recordar que algunos periodistas siguen investigando los atentados, independientemente de esta sentencia.

Todo aquel que ha llegado a entender este caso ha llegado, si ha sido honesto, a una terrible doble conclusión. Que en un piso de ETA y en uno de los supuestos terroristas del 11-M hubiera ácido bórico no es un indicio de que la banda vasca participara en la masacre de Madrid. Pero, precisamente, que el celo con el que los policías hicieron todo lo posible para borrar hasta ese pequeño e inútil detalle nos enfrenta a un abismo en el que no podemos saber ni imaginar qué otros documentos o pistas pudieron eliminar estos mandos policiales. Lo importante del bórico no es ni la sustancia ni la sentencia. Lo importante, preocupante y terrible es la intención paranoide que una serie de policías tenía por eliminar cualquier relación entre ETA y el 11-M por ridícula que fuera. Esta intencionalidad, que ni mucho menos es espontánea (los policías no tergiversan documentos para pasar el rato o para mejorarlos estéticamente) es infinitamente más grave y notoria que su absolución (que resulta anecdótica y previsible) y nos lleva a unos antecedentes y a un contexto de corrupción que ni nosotros llegamos a poder cuantificar, y a la que la Justicia ni siquiera quiere asomarse.

Las cifras de la información deportiva (quinta parte)

Martes, julio 8th, 2008

Quinta y penúltima parte del especial sobre información deportiva. Hoy, sobre internet, y el próximo día las conclusiones:

Las cifras de la información deportiva en los medios españoles (y otras cosas) 5

Internet: grandes éxitos en “el océano”
Para este apartado, voy a despreciar (en todos los sentidos de la palabra) los datos que ofrece el EGM. Resultan absurdos porque no tiene sentido hacer una encuesta sobre algo medible y calculable milimétricamente. Es como si fueran en un coche cuatro personas por la autopista y para saber la velocidad a la que circulan les encuestáramos, en vez de mirar el velocímetro. Aparte, el estudio mide solamente algunas webs importantes, entre las que encontramos notables ausencias como Elmundo.es, Google o Yahoo, por poner tres ejemplos.
Así que, sin descartar las polémicas también surgidas sobre la medición en internet, vamos a mirar el velocímetro, sin más. La página deportiva más vista en nuestro país no es otra que Marca.com. La versión digital del periódico de Unidad Editorial ha añadido bajo su logotipo un contador que cambia cada 24 horas y que indica los lectores únicos que recibió la página el día anterior según la OJD. La página siempre supera el millón de usuarios únicos, y sus picos pueden llegar a los 1,5 millones. Si atendemos a sus datos mensuales, alcanza los 6 millones de usuarios únicos. As.com está alrededor de los 4 millones de usuarios únicos, mucho más cerca de Marca.com de lo que estaba hace unos pocos años. Si nos fijamos en los usuarios únicos diarios de los que presume Marca.com en su cabecera, sus cifras estarían igualando al medio de información en castellano más seguido del mundo: Elmundo.es. Y en número de visitas totales, Marca.com ganaría ampliamente a la versión digital del diario de Pedro J.
La web del diario Sport entraría entre las 20 más leídas de España con 1,6 millones de usuarios únicos. Unas cifras más que respetables para un diario del tamaño del catalán. Y la versión digital de El Mundo Deportivo sigue recibiendo alrededor de 700.000 usuarios únicos según datos publicados por el propio Grupo Godó, y sigue siendo la cuarta web deportiva más visitada de España.
Otras webs deportivas importantes son Sportec.com (que recibe medio millón de usuarios únicos al mes) o ACB.com, página oficial de la ACB que recibe 400.000 usuarios, o Notasdefutbol.com, uno de los blogs de fútbol no vinculado a un medio mayor más seguido, con 165.000 usuarios únicos.
También, si tenemos en cuenta el índice Alexa (para mí muy lógico y completo), Real Madrid.com recibe 5 millones de usuarios únicos. La web oficial del F.C. Barcelona, ronda los 2,8 millones según sus propios datos.
Podríamos seguir buscando webs y sumando, y no acabaríamos nunca. Sin duda existen millones de páginas web deportivas en castellano en internet, y sin duda tienen un éxito bastante considerable. El caso de Marca.com absolutamente excepcional, siendo una de las 30 páginas en castellano más visitadas del planeta, y seguramente la página de información en castellano más vista

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