Archive for mayo, 2008

El tiempo para escapar del espacio

Miércoles, mayo 28th, 2008

Comentaba esta tarde con un amigo, como quien no quiere la cosa, las relaciones entre la serie americana Perdidos y la española El Internado. Por supuesto la calidad de ambas series están a años luz de distancia, pero comparten algunas similitudes. Desconozco si por inspiración de la primera sobre la segunda o por mera coincidencia a la hora de desarrollar la trama y de resolver algunos de sus problemas. Por ejemplo, ambas series se desarrollan en un mismo escenario constantemente del que los personajes no pueden escapar, o cuando lo hacen, en el caso de El Internado, es para salir totalmente de escena y desaparecer de la trama. Ésta es la primera limitación que observé viendo la primera temporada de la serie de Antena 3. Un único escenario no ayuda a que una serie no se “queme” de mala manera demasiado pronto. Por suerte, el metraje de la serie española no está siendo excesivo.

Comparándola en cuanto a decorados con “Yo soy Bea” (del metraje mejor no hablamos), tal vez la cantidad de escenarios entre ambas series no es muy diferente. Pero cuando en “Yo Soy Bea” pasamos a un decorado supuestamente alejado de la oficina (por ejemplo, la casa de uno de los protagonistas), en la que se pasan el 80% del tiempo, cambia totalmente la sensación espacial del espectador. Aunque el público no pueda saber dónde están realmente los actores, en su cabeza los supone en otro lugar aunque ambos escenarios puedan estar realmente contiguos. Si juntáramos mentalmente todas las estancias de la serie de Bea en un supuesto único edificio obtendríamos la misma sensación que en El Internado o en Perdidos. Estas dos series resuelven los posibles problemas de “claustrofobia” que le puedan surgir al espectador con flashbacks. Estas referencias al pasado, mucho más hábiles en Perdidos que en la serie española, permiten a la serie escapar espacialmente de sus definidos límites (el mar o el bosque que rodea el colegio). También se produce una huída temporal que agiliza igualmente la trama de forma notable. Me comentaba mi amigo que estos flashbacks también añaden un interesante matiz a la hora de que el espectador valore a los personajes y los divida pronto en buenos y malos. Como el argumento se va destramando poco a poco, y los flashbacks añaden peso y longevidad a los personajes, el espectador no se posiciona del todo. Por ejemplo, pasados muchos capítulos podemos descubrir que uno de nuestros personajes favoritos en el pasado fue un auténtico delincuente y un tipo deplorable. Ahí el espectador puede decidir si seguir venerando a su personaje del alma y perdonarle su turbio y maligno pasado, o bien empezar a darse cuenta de lo engañado que estaba. Estas sorpresas, al parecer, son más frecuentes en Perdidos que en El Internado, donde la trama es más lineal. Sí hay pasados sorprendentes, o cambios en la actitud de algunos protagonistas. Pero los personajes no atraviesan tan frecuentemente la línea entre el bien y el mal en la serie española, de argumento algo más predecible.

También me contaba mi amigo (aunque no venga del todo a cuento) que hay otra opción al respecto de jugar con el pasado y el presente de los personajes. Al parecer, porque no he tenido la oportunidad (o las ganas, o el momento) de verla, en Un Hombre Sin Pasado del director Aki Kaurismaki, el protagonista pierde la memoria. A partir de ese momento su vida aparentemente es más desgraciada, pero pronto va saliendo adelante con ayuda de otras personas. El protagonista se enamora de una de estas personas y alcanza con ello una cierta felicidad. Es entonces cuando el espectador deja de sentir angustia por el protagonista y los deseos del público de que este personaje recupere su memoria se desvanecen y se tornan en lo contrario.

Con todo ésto se sacan dos conclusiones claras:

1. Hay muchas formas de jugar con el presente y el pasado de los personajes (y, evidentemente, muchas más que no he comentado).

2. Mi amigo habla por los codos.

Hasta luego.

Intelectuales, Eurovisión y democracia

Lunes, mayo 26th, 2008

Cada día me sorprende más la estupidez que atesoran muchos de los que salen en nuestra televisión. En no pocas ocasiones he lamentado la casi total ausencia de personajes realmente brillantes, inteligentes, cultos y admirables. Es un fenómeno que sorprende, especialmente por las cantidades de dinero que manejan las televisiones, que no dudan en premiar con enormes sueldos a unos cuantos idiotas, cuyo trabajo podría ser realizado por la mitad de dinero por otros idiotas similares. Allá cada cual con lo suyo. La noche del sábado fue, en lo televisivo, bastante entretenida. Hice zapping buscando a alguien realmente brillante hablando de Eurovisión y me fue imposible encontrarlo. En TVE intentaron dar un toque filosófico a su post-Eurovisión con la presencia de Juan Adriansens. Raffaella Carrá, que sin duda desconocía por completo al personaje, lo presentó como un intelectual, escritor, filósofo y pensador de lo más influyente. La catadura moral y la categoría del personaje quedaban en evidencia por su sola presencia en el programa, rodeado de Loles León, Boris Izaguirre, José María Íñigo y demás personajes televisivos en paro. Chikilicuatre actuandoEl filósofo Adriansens sacó pecho tras la presentación de Carrá, y se quiso hacer el interesante toda la noche, colocándose por encima de sus contertulios, inconsciente ante su pasado, ante el esperpento que le rodeaba y ante su propia absurda figura. Ahí estaba el intelectual Adriansens justificando el éxito de los representantes de Europa del Este por su gran historia musical, y criticando al Chiki Chiki, que ahora es la moda. Tan moda es que hasta ha merecido un editorial hoy en El Mundo, de los peores que se recuerdan… Luego volveremos a ello.

Al mismo tiempo que Adriansens daba lecciones de pensamiento, en Telecinco, en La Noria, se anunciaba una buena tormenta. “Rusia vapulea a la España del Chiki Chiki” presumía uno de sus carteles, totalmente objetivo, nada sesgado. Abría el programa con uno de sus debates políticos de bajo nivel con María Antonia Iglesias, Enric Sopena, Miguel Ángel Rodríguez y demás fauna. La gloria, vamos. Insultaron un poquito a Rajoy, a Zapatero, a Losantos, a Pedro J. e incluso a Aznar. Al final, se empezaron a faltar los unos a los otros. Que si “eres un ignorante”, que si “no lees nada”… Dejaron sobre la mesa las mayores verdades de la noche, ante la presencia de Jordi González, que también va de intelectual y que tampoco tiene abuela. Desde que presenta la gilichorrez de La Noria se le ha subido todo a la cabeza. Es gracioso verle intentar contínuamente demostrar lo culto que es. Si alguien dice “Munich”, él dice que está en Alemania. Si alguien dice “Beethoven”, él no dejará de subrayar que era músico, que quede claro que él lo sabía, que a él le sonaba.

El caso es que luego llegó el turno de hablar de Eurovisión. También invitados de lujo esta vez, con expertos como Urdaci, Jimmy Giménez Arnau (especialmente maleducado, cerdo y salido incluso para ser él) o Las Supremas de Móstoles entre otros. En esta ocasión no hubo ni debate. Todos los presentes, y los que participaron desde su casa por teléfono (un miembro de D´Nash o Malena Gracia) compartían la misma postura: el Chiki Chiki fue una vergüenza para España con la que se han enriquecido unos cuantos. Puede que en parte tengan razón, pero es la vergüenza que democráticamente eligieron los que se interesaron por nuestro candidato a Eurovisión. Ese detalle tardaron 40 minutos en siquiera mencionarlo. Por supuesto, los argumentos que usó el programa para criticar al personaje creado por El Terrat estaban a la altura del intelecto de los presentes. Para sostener tanta bobada no dudaron en obviar todo tipo de detalles, como que por ejemplo el puesto de España fue el mejor de los últimos 4 años, que los representantes de otros años han sido infinitamente más vergonzosos para nuestro país o que España no hubiera quedado mejor llevando a cualquier otro cantante ya que la gente vota por afinidad política y cercanía geográfica (el festival está muerto, pero eso es otro tema). Es más, estaba presente Remedios Amaya, que fue a Eurovisión en 1983 y volvió a España sin ni siquiera puntuar, lo que tiraba por tierra que nuestro dieciseisavo puesto fuera culpa del pobre Rodolfo. Tenían a la contradicción hecha mujer sentada en la mesa, pero ni aún así la quisieron ver.

También increíble que fueran Malena Gracia, Las Supremas de Móstoles (invitadas al programa) o un miembro de los ridículos D´Nash los que se lamentaran por los “tantísimos cantantes buenos” que no habían podido ir a Eurovisión por culpa de Chikilicuatre. O bien son Malena, Las Supremas y D´Nash unos hipócritas por haber intentado bloquear a los “tantísimos cantantes buenos” (yendo o intentando ir a Eurovisión), o bien ellos mismos se consideran buenos… También alguien dijo que por culpa de la actuación del sábado, en Europa se iban a pensar que “estamos así”. No sé exactamente a qué se refería, pero confío en que Europa no piense en cómo estamos basándose en la actuación de D´Nash, Son de Sol, Las Ketchup, Nina, La Década Prodigiosa o David Civera.

Dice hoy El Mundo, en su segundo editorial, que lo de Chikilicuatre fue “uno de los episodios más cutres y denigrantes que se recuerdan para la imagen de España” y que es “un engendro” y que “supone un monumento al mal gusto y al desprecio por el talento musical y el idioma”. Dice también que Chikilicuatre fue elegido por personas que desprecian Eurovisión que lo votaron por “un sentido elitista de la cultura o por gamberrismo”. ¿Gamberrismo? Casi delincuencia, ¿no?. El periódico debería distinguir entre gamberrismo y sentido del humor. Por supuesto que el festival es despreciado por muchos de los que votaron a Chikilicuatre. Pero es que Eurovisión se ha ganado a pulso durante años el ser despreciable. No pretenderá ahora El Mundo que consideremos que Eurovisión es a la música lo que los JJ.OO. al deporte o la Eurocopa al fútbol. No pretenderá el periódico que olvidemos las decenas y decenas de actuaciones patéticas (españolas y no españolas) que han visto nuestros ojos edición tras edición y que en ocasiones se han alzado con la victoria.

Dice también el periódico que, a diferencia de España, “los países del Este sí se lo tomaron en serio, y Rusia y Ucrania lograron el primer y segundo puesto con buenas actuaciones”. Sí es cierto que Rusia y Ucrania presentaron buenas canciones (para el penoso nivel del festival, claro), pero obviar que su primer y segundo puesto se debieron sobre todo a cuestiones geopolíticas debería avergonzar sobremanera al responsable del editorial (y al periódico que lo firma). El editorial sigue lamentando que “unas votaciones en las que rigen ciertos mecanismos de amiguismo y vecindad” y el hecho de que España pasara a la final directamente “facilitaron que tan sonrojante representación quedara en el décimosexto puesto de la tabla”. Vaya, ahora el editorialista, de forma torticera y falsaria, se acuerda de las cuestiones de “amiguismo y vecindad”. Rusia y Ucrania, que se votaron entre sí y que recibieron votos de (entre otros) Letonia, Lituania, Estonia, Bielorrusia, Georgia, Armenia o Azerbayán (por no hablar de Moldavia, Polonia o Finlandia…), quedaron bien porque presentaron buenas canciones. España consiguió quedar en el puesto 16 (y no última) porque tiene vecinos y amigos, claro. Que en La Noria no les moleste tomar el pelo al público se sabe y se espera. Pero que un periódico como El Mundo presente este tipo de editoriales con unos argumentos de patio de colegio no tiene justificación alguna. Lamentable.

Chikilicuatre fue creado para Eurovisión, fue elegido democráticamente y cumplió con el lema de la gala de selección de nuestro representante para el festival: “salvemos Eurovisión”. Hasta 14 millones de personas vieron su actuación. Que una empresa privada se enriquezca con un producto que ha creado es algo absolutamente legítimo. Todos los que pasan por Eurovisión lo hacen con fines lucrativos o para promocionar su carrera (algo igualmente lucrativo). Y todos cobran por sus discos, por supuesto. La gente no está obligada a comprarlos, ni a seguir el festival. Y lo cierto es que conseguir crear de la nada un fenómeno como el Chiki Chiki está a la altura solamente de personas brillantes. El fenómeno solamente se crea cuando la gente quiere. La gente ha elegido a su representante y se ha reído de un festival siempre mediocre. Todo ha sido una cuestión de oferta y demanda que unos pocos, que se llenarán la boca en otras ocasiones hablando de democracia, no quieren entender.

Gustos y formatos

Martes, mayo 20th, 2008

Parece que vuelvo a sacar un rato para el blog. El otro día salió un espontáneo mini-debate sobre la forma de maquetar las portadas de los periódicos. La discusión presentaba dos sencillas alternativas: portadas en las que la fotografía principal pertenece a la primera noticia del día, y portadas en las que no. Este último caso queda representado, por ejemplo, por las siguientes primeras páginas:

En la portada de El País tenemos a un Rajoy que intenta domar su propio partido, mientras vemos gente corriendo. Es obvio que la fotografía no pertecene a la noticia, y aún no han tenido que desalojar Génova a la carrera. En la portada de La Vanguardia vemos a Penélope Cruz y unas declaraciones: “Rajoy saldrá reforzado de la actual turbulencia”. Cruz tal vez se ha contagiado de la costumbre de la familia Bardem de meterse en política y ahora opina de Rajoy. No, claro que no. Pero este tipo de construcción puede llamar a la equivocación. Hubiera sido mucho más lógico poner una fotografía del responsable de la cita, Francisco Camps. Pero La vanguardia opta, en esta y en otras ocasiones, por ofrecer compartimentos estancos en los que encierra su primera noticia del día en un titular y unos sumarios, sin más texto. Al menos, esta opción, no parece la mejor ni estética ni lógicamente.

La mayoría de los que estábamos en clase nos decantábamos por una portada bien ordenada en la que la noticia más importante del día se ve premiada con una buena fotografía. Sirvan de ejemplo estas dos portadas:

Aquí vemos a la izquierda a Aznar justo antes de hacer las declaraciones que El Mundo elige como primera noticia del día. En la portada de El País vemos la casa cuartel vigilada por un guardia civil en una fotografía que eligieron varios periódicos. La foto es perfecta, pues el guardia queda escondido tras su propio arma, con lo que ni siquiera hay que pixelarle el rostro. El orden en estas portadas es más lógico y permite que la principal noticia del día tenga el protagonismo que merece.

En resumen, dos fórmulas diferentes entre las que suelen alternar todos los medios, salvo los arrevistados como Público, La Razón o el francés Liberátion:

En estos últimos periódicos la imagen tiene una gran importancia y ocupa el 80% de la portada. Esta imagen siempre corresponde a la principal noticia del día. Lo malo de este formato es que representa mal las jornadas en las que dos o más noticias tienen una gran trascendencia, haciendo prevalecer una noticia de forma omnímoda por encima del resto.

En definitiva, la segunda fórmula parece la más lógica, pero los periódicos optan a menudo por imágenes espectaculares aunque no correspondan a la noticia más importante del día. Lo suelen hacer por dos cuestiones: para llamar la atención del lector y porque, a menudo, sobre la noticia más importante del día no hay una imagen que realmente aporte algo.

Las cifras de la información deportiva (primera parte)

Lunes, mayo 12th, 2008

Inicio aquí, el segundo especial, que no es otra cosa más que un post largo dividido en trozos. Esta vez sale de un trabajo universitario dedicado al poder de la prensa y la información deportiva dentro de todos los géneros periodísticos, y que comenzo poniendo en duda los sistemas de medición usados por los medios en nuestro país. Nada del (de) otro mundo. Es evidente que este tipo de especiales los realizo para dar más “peso” al blog. Negarlo sería absurdo. Lean pues.

Las cifras de la información deportiva en los medios españoles (y otras cosas) 1

Sobre encuestas, estudios y otras mentiras
Es complicado saber cuál es el alcance total de la prensa deportiva en España en número de ejemplares vendidos, en números de radioyentes y en número de espectadores. Los diferentes estudios y análisis cuantitativos que se realizan en nuestro país arrojan no pocas dudas sobre sus resultados y metodología. Los menos fiables, para el gusto del que escribe, son aquellos que se sirven de la memoria de las personas (que normalmente es poca) para medir audiencias y difusiones. Como bien sabemos, las encuestas tienen un considerable margen de error, que aquellos que viven de ello intentan minimizar a un 3% o un 5%. Si a esto sumamos que son encuestas grandes, en las que los encuestados tienen que recordar muchas más cosas que un voto a un partido, el margen de error crece exponencialmente. Los encuestados, a buen seguro, confunden cadenas, presentadores, programas, e incluso medios: “Yo leo la carta del director que escribe Matías Prats en El Mundo, por la noche ceno con el telediario de Ramón García y suelo acostarme poniendo en la radio el programa de Pedro J. Ramírez. Y suelo vestir con la ropa que diseña su mujer Carolina Herrera”.Aparte de los errores, también entra en juego el factor mentira, el factor vergüenza y el factor afinidad. Lo mismo que uno puede no querer reconocer que escucha a Losantos o que ve la película porno del Plus (para algunos ambos con contenidos igual de obscenos), otros votan un programa porque un presentador les cae bien o les atrae físicamente (factor que tampoco favorece a Federico) aunque no hayan podido ver o escuchar su programa desde hace años.
Más fiable parece el control OJD, aunque tampoco son pocas las voces que discuten su sistema de medición. Algunos hablan de que con habilidad (y buenos jamones convenientemente envueltos en papel de regalo) se pueden variar los datos considerablemente. No lo sé. Desconozco la mecánica en profundidad, pero parece ser que contar ejemplares es algo más creíble (y tangible) que una encuesta sobre lo que uno hizo o dejó de hacer en el pasado.
Sin duda, los estudios más fiables son los televisión y los de internet, aunque también hayan estado envueltos en polémicas, algunas muy recientes. Para medir la audiencia de televisión en España se usan 3.845 audímetros distribuidos por la empresa TNS-Sofres. Estos cerca de 4.000 audímetros recogen las pautas de comportamiento exactas que realizan durante las 24 horas del día algo más de diez mil individuos convenientemente elegidos en base a su lugar de residencia, su edad, su nivel de estudios o de ingresos. Estas diez mil personas representan a 42,5 millones de españoles mayores de cuatro años. Podríamos discutir si es una encuesta lo suficientemente grande, o por qué suponen que todo el mundo tiene televisión en casa. Porque este sistema lo supone desde el momento en el que pretende representar al total de la población de nuestro país. En cualquier caso, su sistema de medición parece bastante fiable, ya que se basa en realidades comprobadas y comprobables. Aparte, está planeada una próxima ampliación del parque de audímetros, que aumentará la credibilidad del estudio.
Por su parte, internet es la precisión absoluta. La red dice verdades como puños. En internet se recoge, controla y mide cada movimiento de cada usuario. No solamente se obtienen fácilmente cifras exactas del número de visitantes únicos que reciben hasta las webs más modestas, sino que se pueden obtener muchos otros datos realmente útiles: número de páginas vistas, cuáles de ellas han sido las más leídas, lugar desde el que entran los lectores, tiempo que pasan en la página, número de veces que pinchan en un banner de publicidad… Ningún medio puede igualar hasta el momento la precisión que nos ofrece internet, y seguramente esto no cambie hasta que los otros medios se digitalicen totalmente, o converjan en uno solo, que también puede ocurrir.
Esta pequeña y escéptica introducción sirve para que, en adelante, valoremos las cifras en su justa medida. Ya que seguramente aparezcan por aquí muchas cifras que no hay que absolutizar. Sí, es cierto que las cifras nunca mienten. Pero las cifras nunca mienten cuando reflejan la realidad, y eso es algo difícil de conseguir.

El peso de los muertos

Miércoles, mayo 7th, 2008

Hace tiempo hablábamos que los muertos solamente importan por su nacionalidad. La proximidad de la noticia es uno de los primeros atributos que dan importancia o no a dicha noticia. Esta semana hemos asistido a un ejemplo más, de estos que claman al cielo y que evidencian lo locales que somos. Casi pueblerinos. Un tifón arrasa Birmania cobrándose, inicialmente, un centenar de muertos (noticia menor). El número de víctimas, como se esperaba, fue creciendo considerablemente hasta alcanzar los 10.000. La noticia cobraba algo de importancia. Aunque noticiosamente la muerte de un birmano no tiene ningún valor, la suma de las 10.000 lleva a la noticia a ocupar un pequeño lugar en las portadas de los diarios.

Me he permitido marcar las noticias en rojo, de las portadas de algunos periódicos nacionales (por desgracia no cuento con la portada de El País, que intuyo que fue en la misma línea que las portadas de sus homólogos). Fuera de España algunos diarios como los británicos The Guardian o The Times o el chino South China Morning Post (en inglés) sí daban máxima prioridad a la noticia. Pero la mayoría seguían buscando Birmania en el mapa.

El caso es que las horas pasaron, y en Myanmar el desastre iba a más. La cifra se doblaba, y alcanzábamos unos espeluznantes 22.500 muertos, que algunos medios como el mencionado The Times ampliaban a 50.000. The Washington Post llegaba a los 60.000 “muertos o desaparecidos”. La dificultad de cuantificar precisamente la catástrofe hace que los 500 de los 22.000, resulten absolutamente ridículos. Precisamente esa cifra de 22.500 fue en la que coindieron y confiaron nuestros periódicos. Seguramente son números hechos públicos por el propio gobierno birmano. El Mundo y ABC han aumentado en su edición de hoy miércoles día 7 la relevancia otorgada a la noticia, con foto principal incluida. Sigue sin ser la principal noticia del día, pero al menos crece. En El País la catástrofe asiática se ve rodeada (en una portada muy repartida) de otras noticias de gran calado como el supuesto hundimiento de una barca de inmigrantes por parte de la Marina marroquí.

Por último, La Razón y Público vuelven a hacer un absoluto desprecio hacia el desastre de Birmania. Para estos periódicos 22.000 muertos no son suficientes para considerarlo una noticia importante, y apenas se refleja la catástrofe por educación, no por interés.

Alcanzamos ya la conclusión. El evidente desprecio que hacen los periódicos hacia 22.000 muertes, por muy lejos que perezcan, es vergonzoso. Especialmente cuando, por ejemplo, estos periódicos no dudan en ofrecer con un drama desmedido (y al menos con la misma significación que lo ocurrido en Asia) la noticia del “monstruo austriaco”, Joseph Fritzl. Especiales, reportajes, fotos en portada y artículos de opinión alrededor de un enfermo mental de quien dependían ni una docena de personas. Una noticia premiada por el morbo, y por saber feacientemente que en nuestro planeta hay locos retorcidos capaces de las peores atrocidades imaginables, que superan la ficción con comodidad. Al fin y al cabo, espectáculo. Un drama, pero no una tragedia. La más famosa frase que nunca dijo Stalin (“una muerte es una tragedia, un millón de muertes es una simple estadística”) vuelve a convertirse, acogida por nuestro periodismo, en axioma. Y es que el ser humano es más consciente de un caso concreto, una desgracia concreta y bien contada, que de 20.000 muertes anónimas (y asiáticas, claro). Las dos últimas noticias que nos han llegado de Austria hablan de sótanos y secuestros involuntarios con sexo esporádico. Natascha Kampush y Joseph Fritzl ya están en Wikipedia.

Para colmo, algunos piden más protagonismo para Fritzl mientras callan ante las 22.000 muertes de unaBirmania que sin duda no sabrían situar en un mapa. Pero claro, total, en Asia esas cosas ya habían ocurrido otras veces, y como son tantos, no pasa nada, ¿no?. En fin, como premio si han llegado hasta aquí, que hable con su última viñeta el gran Ricardo, del diario El Mundo.

Hasta luego.

Apropiación indebida

Lunes, mayo 5th, 2008

Ayer se proclamaba campeón de Liga el Real Madrid, una vez más. La Sexta hacía un buen despliegue de conexiones para seguir metro a metro el camino del equipo blanco desde Pamplona hasta la plaza de La Cibeles. La llegada fue larga, como siempre, y los periodistas tuvieron bastante tiempo para improvisar, criticar, adivinar y comentar con más o menos acierto sobre el pasado, el presente y el futuro del equipo blanco. Y de otras cosas. Dentro de este alarde de improvisación y relajación, Juan Manuel López Iturriaga, presentador de “No me digas que no te gusta el fútbol”, nos dejaba una perla que había escuchado hace tiempo pero que confiaba en no tener que volver a oír: “Raúl no debería colgar la bandera de España en La Cibeles, porque es de todos”.

Hace tiempo se acusó al Partido Popular de que se apropiaba de la bandera nacional. Y se añadía ese comodín absurdo de que “es de todos”. Ayer volvía a escuchar aquella estupidez que, como el iluso que soy, creía superada. Me equivoqué. Valiéndose del argumento cuyo origen desconozco (desde luego no se le ocurrió a un genio), la bandera española no debería utilizarse nunca, por nadie, en ningún momento. Raúl no debería colgarla en La Cibeles, porque no todos los españoles son simpatizantes del Real Madrid. El Sevilla debería quitarla de la parte trasera de sus camisetas, porque no todo el mundo es sevillista (los béticos estarán especialmente indignados). Nadal no debería arroparse con la enseña nacional cuando gana un Grand Slam, porque no a todo el mundo le gusta el tenis en general, o la figura del mallorquín en particular. Esto también deberían aplicárselo Pedrosa, Lorenzo, Gasol o Fernando Alonso. Ya está bien de apropiarse de la bandera, que es de todos. Y los aficionados al deporte, normalmente bastante violentos y embrutecidos, tampoco deberían tener permitido mostrar la bandera. ¿Qué es eso de apropiarse de lo que es de todos y llevarla a eventos deportivos como quien lleva un bocadillo de mortadela para comerse en el descanso? Por supuesto, en ninguna manifestación (sea del signo que sea) estará permitido llevar ninguna bandera rojigualda, ya que habrá españoles que estén en contra de lo que se proclama en esa manifestación. Huelga decir que las empresas tampoco podrán apropiarse de nuestro emblema nacional colgándolo en sus fachadas. Las empresas o las marcas no pueden apropiarse de lo que es de todos. Lo mismo deben aplicarse, por ejemplo, las universidades y los centros de enseñanza en general. Y bueno, el Gobierno tampoco puede usar la bandera, porque yo (como un 60% de los españoles) no he votado al Presidente. Y tampoco puede exhibir nuesta bandera el Ejército, porque a mí no me gustan las guerras…

Esperemos que nunca más nadie se apropie de la bandera, que es de todos, y que necesita, desde la estupidez de algunos de nuestros compatriotas, la aprobación de todos los españoles para ser mostrada en público. Eso sí, unos pocos han hecho acopio de idiocia y nadie les ha dicho nada. Cómo estamos…

Público y los 188.000

Domingo, mayo 4th, 2008

Vuelvo por aquí tras un relajado y largo puente. Un buen bloguero no abandonaría así su blog, pero yo no soy un buen bloguero, de los de pico y pala y copia y pega. He conseguido escribir todas las entradas porque tenía ganas de escribirlas, y de momento no tengo intención de que esto cambie.

El caso es que se nos quedaba casi helada la sangre cuando descubrimos el pasado martes que el diario Público por fin (y por primera vez) publicaba datos concretos sobre sus ventas. Presumía su director de tener 188.000 lectores diarios. Ignacio Escolar sacaba pecho añadiendo que vendían más que La Razón y ABC en Barcelona y que El Periódico y La Vanguardia en Madrid. Y seguro que vende más que El Faro de Vigo en Almería o que el New York Times en Cáceres.

El dato era publicado por el último Estudio General de Medios (EGM), en su oleada entre abril de 2007 y marzo de 2008. El EGM es una encuesta que se realiza entre algo menos de 40.000 personas, y que se basa en la memoria que demuestren esas personas. Parte de las encuestas se hacen telefónicamente. Los encuestados deben responder sobre él periódico que leyeron hace 15 días, las cadenas de televisión que vieron la semana pasada, la radio y los programas que escucharon antes de ayer. Como todas las encuestas, y especialmente las basadas en el recuerdo, no me parecen en absoluto fiables. Menos aún una encuesta que abarca un periodo de 11 meses, en el que pasan tantas cosas que influyen de forma notable en los medios de comunicación. Menos aún me gusta, una encuesta que desprecia a los menores de 14 años (más de 4 millones de españoles), como si estas personas no vieran televisión, no escucharan radio o no compraran revistas. Inexplicable un listón tan alto, cuando otros sistemas de medición como el de Sofres para las televisiones mide lo que ven españoles de 4 años o más. Tal vez consideran que los menores de 14 años mienten en las encuestas, como si los mayores no lo hicieran. Es más, probablemente un adolescente recuerda mejor lo que hizo la semana pasada que una persona de 60 años. En cualquier caso, fiarse del recuerdo de las personas para hacer una encuesta lleva a respuestas por parte de los encuestados, tan paradójicas, como que ayer escucharno a Luis del Olmo en Onda Cero (cuando hace años que salió de la cadena).

El EGM es un estudio que las televisiones no tienen en cuenta desde que se mide con audímetros por TNS-Sofres (según el EGM Antena 3 es la cadena líder en audiencia en España, algo que resulta risible). Es un estudio que las publicaciones escritas ven con recelo, ya que suelen preferir el OJD (estudio basado en ejemplares tangibles). El EGM es un estudio que internet no necesita, ya que internet ofrece cifras exactas de número de visitas y datos extremadamente precisos en cualquier página web por pequeña que sea (como la que está leyendo en este momento, por ejemplo). El EGM solamente lo tienen en cuenta las emisoras de radio, porque no tienen otro sistema de medición. Y aún así, las emisoras asumen que el estudio es bastante impreciso, y apenas orientativo. Otras, como la COPE, directamente lo desprecian.

Pero, por un momento, hagamos como si el estudio fuera fiable, y Público contara con 188.000 lectores diarios. Según el EGM, en España leen periódicos todos los días casi 16 millones de personas, de los 38 del universo de muestra (personas de 14 o más años). Es decir, alrededor del 40%, nada menos (luego dirán que leemos poco). Por ejemplo, El País o Marca, son leídos por más de 2 millones de personas cada día. Si El País realiza una tirada media de alrededor de 500.000 ejemplares (reconocida por el propio periódico en el OJD), de los que vende alrededor de 400.000, según el EGM, cada ejemplar vendido es leído por más de 5 personas. Nada menos. Este dato ya parece poco creíble, de entrada. Pero, si nos lo creemos, deduciremos que Público realiza una tirada por debajo de los 40.000 ejemplares. Bueno, tal vez el diario de Mediapro tiene una difusión menor. Vamos a suponer que cada periódico de Público lo leen 4 personas, en vez de 5. Bien, Público, con suerte, cada día vende 50.000 ejemplares. Esto sin contar los que regala en distintas universidades. Vaya, el dato empieza a ser mucho menos bueno.

Pongamos en relación el dato de Público con el de otros periódicos. En España hay 25 periódicos con más lectores que Público. Nada menos que 25, según el propio EGM. Y eso que Público es el único diario cuyos datos corresponden solamente a 2008 (mientras todos los demás ofrecen un dato desde abril de 2007 a marzo de 2008) por lo que se ve favorecido por el periodo electoral, de mayor venta de ejemplares. Público tiene 12 veces menos lectores que El País (¡12!), 7 menos que El Mundo, y un tercio de los que tiene ABC y la mitad que La Razón. A esto hay que añadir que Público cuesta la mitad que la competencia (medio euro de lunes a jueves, y un euro de viernes a domingo). A esto hay que añadir que desde su salida se ha dedicado a hacer contínuos regalos, que llevaban a mucha gente a comprar el periódico, coger el regalo, y seguidamente tirarlo a la basura. Y, finalmente, de los 188.000 lectores diarios, 100.000 son de Madrid y 21.000 de Barcelona. Es decir, en provincias a Público ni se le espera.

Con todo esto, uno no acaba de entender de qué presume entonces Ignacio Escolar. ¿Es un buen dato vender 12 veces menos que El País siendo un pseudo-gratuito? Yo diría que no. La realidad es bien distinta a la que intenta dibujarnos Escolar. El periódico genera enormes pérdidas desde su salida. La plantilla que lo realiza es realmente inexperta, y con buena cantidad de becarios. Gran parte de la redacción original ha abandonado el periódico, y el fichaje de Ekaizer convierte a Público en un periódico bicéfalo.

El tiempo dirá si Público mejora sus datos y si Mediapro decide seguir manteniendo a flote un periódico que venía a hacer daño a El País y que al final está haciendo solamente daño a las cuentas de su propia empresa.

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