Políticos y tragedias

Terrible terremoto en Chile, mucho más intenso que el sucedido en Haití (que ya empieza a estar en el olvido de nuestros medios de comunicación) pero mucho menos doloroso. La presidenta del país, Michelle Bachelet observa desde el aire la dimensión de la tragedia, los barrios desvastados y las avenidas resquebrajadas.

Imagen muy típica la de nuestros dirigentes subiendo en avión o helicóptero a ver las tragedias desde el cielo. Por supuesto, siempre bien acompañados por un fotógrafo o cámara de televisión que sea testigo directo del acontecimiento. Es un gesto vacío y sin utilidad real. Absurdo para cualquiera con dos dedos de frente. Pero es una imagen que da sensación de estar dominando la situación, de estar preocupándose por la totalidad de la catástrofe. Es como visitar toda una ciudad al mismo tiempo cuando el político no puede ir barrio por barrio, casa por casa, mostrando sus condolencias y su preocupación real o electoralmente fingida. Es la representación metafórica del propio cargo de quien domina, desde arriba, un país, o una ciudad destrozada. Pero es un gesto vacío, porque es evidente que Bachelet no va a arreglar nada desde el aire, por más que otee atentamente por la ventanilla no va a empezar a coordinar a todas las fuerzas de seguridad, médicos, ONG y demás. Como mucho podrá intercambiar algún comentario anecdótico con quienes vuelan en su compañía mientras hace gestos de justificada preocupación.

Muchos más políticos se han subido en el pasado a un avión a dominar. Lo hizo Zapatero días después del incendio de Guadalajara que costó la vida a 11 personas. Desde su presidencial aeroplano frunció el entrecejo y vio árbol calcinado por árbol calcinado la situación. Por supuesto, acompañado del oportuno foco de las cámaras. ¿Sirvió de algo? ¿Resolvió la situación desde el avión y días después de controlado el incendio? La respuesta es evidente.

También se subió al avión Zapatero en las pasadas elecciones de Galicia, con el que fuera presidente gallego Emilio Pérez Touriño, al que no veremos en Ikea, y con la ridícula ministra Magdalena Álvarez (de espaldas y de rojo en la imagen), para ver las tierras gallegas desde el aire, y los avances del AVE. Es evidente que es indiferente que estos tres ingenieros de caminos, canales y puertos vean o dejen de ver unas obras ferroviarias desde lo alto. Pero fíjense cómo señalan con interés lo bien acabada que está la catenaria. Por supuesto, como siempre, con fotógrafo de testigo.

Y, por último, y volviendo a las tragedias y bajando al suelo, otro gesto vacío fue el de Berlusconi tras el terremoto de Abruzzo, cuando apareció con un casco de bombero (o similar), en una zona en la que era absolutamente innecesario protegerse la cabeza, como demuestra lo descubiertos que iban sus numerosos guardaespaldas y los periodistas que le rodeaban. Es evidente que el primer ministro italiano no sacó a nadie de debajo de los escombros, ni bajó a un gato de un árbol ni movió una sola piedra. Pero ahí estuvo, con el pueblo, y manchándose el traje.

Fruta madura

Cayo Lara vuelve a las andadas. Si hace unas semanas me sorprendía ante la desvergüenza del líder de IU (republicano hasta su comunista médula), al pedir al Rey que interviniera en el caso Haidar, esta semana las aguas han vuelto a su cauce habitual. De nuevo el Rey debe dejar su trono, y es cuestión de tiempo que lo haga. En una entrevista concedida al diario La Gaceta, del grupo Intereconomía, Lara afirma que “La Monarquía caerá como fruta madura”. Es probable sí. Todo tiende a un fin o,  como diría un entrópico, “todo tiende al caos”. Justo como IU. A esta última machada para hacerse el guay y el moderno, Lara ha añadido hoy mismo que la Constitución “no le da competencia al Rey para que se erija en árbitro” de un posible acuerdo entre PSOE y PP en cuestiones económicas. Ya saben, eso que se lleva mucho ahora de arrimar el hombro, que debemos entender como un mensaje al PP para que deje de hacer oposición a un Gobierno seriamente debilitado. ¡Con la poca que hace!

A este descubrimiento que alumbró Lara esta misma mañana sobre las funciones y competencias de nuestro monarca, tras horas y horas de sesudo estudio de viejos códices y manuscritos, el líder de IU añadió otras obviedades de gran calado: “La iniciativa del jefe del Estado es una decisión buenista que queda muy bien” o “Acepto la posición del Monarca como una cuestión buenista que no va más allá”. Claro. Tras dejar su real obsesión aparcada un rato, dio lecciones de economía revelando que la solución a la crisis es aumentar el intervencionismo del Estado. Cabe recordar lo exitosas que han resultado las recetas comunistas en materia económica en todos los países en los que se han aplicado, ya sean las prósperas Cuba, Vietnam o Corea del Norte o las antiguamente grandes potencias Bulgaria y Rumanía.

Es curioso que este individuo le advierta al Rey que no se meta donde no le llaman (y que a ver si se va de una vez) justo unas semanas después de reclamar su colaboración mediadora en el caso Haidar, que tan previsible fin tuvo. Éste es el absurdo de Cayo Lara, el que un día pide al Rey que intervenga en un tema político, y al poco le recuerda que la Constitución no le da compentencias para otra cosa que no sea sonreír. Con estos absurdos lógicos a los que el líder de IU nos viene acostumbrando, es probable que también caiga de su cargo como fruta madura. Desde luego, una cosa es segura: la Monarquía sobrevivirá a Lara por muy bien que le vayan las cosas en esta empobrecida España.

Sesgando un poco

Titular pricipal de El País del sábado 13 de febrero: “El PP impide el pacto de Estado al exigir rebajas de impuestos”.

Versión alternativa para público no fan del Gobierno: “El PSOE impide el pacto de Estado al negarse a rebajar los impuestos”. Es mejor no ir al quiosco.

No saber y ganar

Si hay un programa emblema de La 2 ese es, sin duda, Saber y Ganar. Más de una década a diario en antena justifican ese título de programa símbolo, cuya notoriedad se sustenta tanto en su longevidad, como en su amplia y fiel audiencia y su contenido de concurso cultural (género casi extinto) de cierto nivel, propio de una cadena de televisión pública. Precisamente, si algún sentido tiene que existan medios de comunicación de índole estatal es que sean una alternativa de servicio público al ciudadano, lejos de los programas de las televisiones privadas que seleccionan sus contenidos en base a los índices de audiencia.

 

Saber y Ganar ha introducido ciertos cambios en su dinámica, sin duda en busca de una mayor aceptación entre la audiencia. Entiendo que sus creadores tengan miedo a encasillarse, a acomodarse a un formato que les viene funcionando bien demasiado tiempo. Es comprensible que se introduzcan nuevas pruebas, nuevos juegos, novedades que sorprendan a la audiencia antes de que se adormezca su fidelidad. Pero no es aceptable que estos cambios condicionen el nivel cutural del concurso ni el índice de justicia del juego. La primera prueba originalmente era una ronda de preguntas al aire, que debía contestar el concursante sin pista alguna, y que en ocasiones resultaba realmente complicada. Ahora se ha convertido en una ronda de preguntas en las que el concursante y el espectador tiene dos posibles respuestas. Prácticamente un ridículo cara o cruz en el que todos los concursantes acaban obteniendo similares puntuaciones. Sí, ahora el espectador no se queda boquiabierto y a dos velas, como ocurría anteriormente en muchas ocasiones por la dificultad de las preguntas. Si los guionistas del concurso querían aumentar la participación del espectador en sus casas, sin duda lo han conseguido. Pero a costa de rebajar la exigencia del juego a niveles más populares y comerciales.

Otro cambio introducido, supuestamente en favor del dinamismo y la emoción del concurso, es una nueva ronda eliminatoria en la que entra en juego el concursante que ha mostrado menos conocimientos culturales en las primeras pruebas, en la que entra en juego una cantidad de puntos (y dinero) desproporcionada en relación al resto de las pruebas, y que prácticamente anula todas las pruebas anteriores. Esta novedad, que sí introduce un margen de imprevisibilidad mayor, acaba con el más mínimo sentido de justicia que sí tenía el juego hasta ahora. En la búsqueda por añadir algo de vértigo en el espectador antes de que comience su siesta, ha aumentado la influencia del azar y se ha convertido el resultado final en prácticamente un mero sorteo que poco tiene que ver con los méritos que desmuestran los concursantes.

En los últimos años la tendencia habitual de los concursos ha sido la de eliminar todo lo posible los contenidos culturales de los mismos. La llegada de concursos como Allá tú (y su indudable éxito), en los que el azar determina totalmente los resultados de cada concursante, hacían presagiar que las productoras harías esfuerzos por infantilizar los pocos concursos que quedaban en nuestras pantallas. A esta tendencia se han unido tanto programas nuevos, como otros veteranos (como La ruleta de la suerte), que han rebajado aún más si cabe el nivel cultural y didáctico de sus pruebas, adaptándolas a los gustos del gran público, presumiblemente más necio cada día que pasa. Que ahora Saber y Ganar, el programa de más exigencia cultural de nuestra televisión,  se una a esta corriente de idiotizar lo que aparece en pantalla supone una profunda decepción. Especialmente porque el espacio de Jordi Hurtado es un programa necesariamente dirigido a una minoría (aunque sea relativamente amplia), que se financia con dinero público, y al que no debería preocuparle tanto llegar al gran público.

Los cambios introducidos en Saber y Ganar son propios de un programa que empieza a perder identidad y personalidad. Que se ve a sí mismo como un extraño en la parrilla, y que se deja arrastrar por la audiencia del mismo modo que Redes buscaría al gran público cambiando la neurociencia por Belén Esteban. ¿Se lo imaginan? Cualquier día.

El árbol tapando el bosque

A Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, le siguen creciendo los enanos en un 2009 pésimo para su vida profesional. Sus empresas están sufriendo la crisis con especial crudeza, el Reino Unido le ha obligado a cerrar su aerolínea Air Comet, y Cristina Kirchner aún le debe el pellizco que valga Aerolíneas Argentinas, que veremos si acaba pagando ahora que Sudamérica se ha vuelto tan reaccionaria, populista y tan poco liberal. Todos estos vaivenes serían absolutamente normales en plena crisis económica de no ser porque Díaz Ferrán se ha convertido en la cabeza de turco del Gobierno, del PSOE, de los sindicatos, y de la izquierda progresista en general. Y tener en contra a medio país, no debe ser muy agradable.

Sobre Díaz Ferrán se están diciendo muchas barbaridades, cuando lo único que ha ocurrido es que una de las empresas de las que es uno de los dueños, y presidente de la misma, ha quebrado. Pero Air Comet no es ni la primera aerolínea que no supera la crisis ni, desde luego, la primera empresa que se va a pique. Solamente en 2009 se han volatilizado 140.000 sociedades, y yo no recuerdo que hayamos pasado al cuchillo de la opinión pública a sus cientos de miles de presidentes. Pero Ferrán es el empresario de empresarios, y es el enemigo a batir, el débil sobre el que echar las culpas de una crisis que la izquierda ni sabe arreglar ni quiere digerir. Cuando los animales ven sangre, se lanzan como carroñeros aprovechando su oportunidad.

Las voces que piden que dimita Díaz Ferrán de su presidencia en la CEOE son cada vez mayores, y empiezan a no aparecer exclusivamente desde la izquierda. La continuidad del presidente de la patronal la decidirán los propios empresarios, y aunque parece que puede tener las horas contadas, no creo que los problemas de Air Comet sean motivo suficiente para que abandone su cargo.

Creo que el jefe de los empresarios no debería tener empresa en propiedad, para salvaguardar la neutralidad, desinterés y justicia en sus decisiones. Y, a poder ser, no debería tener inclinaciones políticas públicamente conocidas. Díaz Ferrán, a diferencia de su antecesor, no cumple ninguna de estas premisas. Y él es la primera víctima de sus defectos y sus imprudencias, que motivan y dan pie a las iras de sindicatos, Gobierno y personajes de toda índole interesados en salvar el zapateril trasero.

Estos que ahora braman contra Díaz Ferrán, pidiendo prácticamente su clandestinidad, son los mismos que llevan meses denostando al empresariado español, culpándolo de todos los males habidos y por haber. Son los mismos que creen que todo aquel que no admite a pies juntillas sus ideales, es un enemigo del diálogo, de la sociedad y del bien común. Y un antipatriota. Y son los mismos que creen que la quiebra de Air Comet hace inevitable la dimisión de su presidente al frente de la CEOE. Y son los mismos que muestran toda su condescendencia con el Presidente del Gobierno, responsable de sumir a España en la mayor crisis económica de su historia, de mentir, de tomar repetidas decisiones equivocadas, responsable de batir todos los récords de paro, de disparar nuestro déficit y de ponernos a la cola de los países del Primer Mundo. Pero da igual que el responsable de nuestra mayor empresa, que es España, sea un desastroso gestor y esté hundiendo la economía del país. Lo que es un mayúsculo e intolerable escándalo es que suspenda pagos Air Comet. Y, desde luego, eso sí que no lo vamos a consentir.

En manos del viento

Me alegro de que los asesores a veces desaparezcan, y dejen que sean los políticos los que se dejen ver, con su propia prosa e incluso poética, como es el caso. Así es cuando quedan retratados, con todas sus miserias morales e intelectuales. Zapatero ante la ONU:

“Seamos leales a nuestros pueblos, con nuestros compatriotas [solamente faltaba]. Tenemos que lograr unir el mundo para salvar la Tierra [es todo tan bonito]. Nuestra Tierra, en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiado ricos [indirecta envidiosa a los tres sueldos de Leire Pajín]. Pero la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento [a ver qué pasa con mi huerto ahora]“.

Es imposible saber si originalmente hay un punto o una coma detrás del segundo ”ricos”. Resulta imposible adivinarlo, porque en ninguno de los dos casos la oración final tiene sentido. Puedo adivinar que es una oración compuesta adversativa, pero no entiendo qué elementos se contraponen, ni qué significado aporta la conjunción “pero”. Es un misterio frente al que palidecería hasta Indiana Jones.

El caso es que para un tipo acostumbrado durante más de un lustro a la mentira en público, no se puede esperar que suene tan mal una frase, por estúpida que resulte. Este hombre está mucho más entrenado y curtido en el terreno de la bobada de todo tipo. Lo ha intentado. Se ve el esfuerzo en su rostro por conseguir que la frase, meditada durante varias tardes, conmueva al planeta. Vemos cómo se tambalea nervioso en el momento de pronunciar tan gran enunciado. A causa del esfuerzo que requería el momento, presiento un movimiento de esfínter, incluso, buscando la ovación cerrada y el aplauso estruendoso. Pero nada, su gran verdad suena hueca, seguramente, como su cabeza, y solamente provoca tímidos aplausos y personas que se levantan para ir a cambiar el agua al canario. Una pena. Estoy tremendamente decepcionado con el resultado interpretativo de la idiotez zapateril del jueves por la tarde. La próxima será mejor.

Zapatero, con este estéril intento de alcanzar a Obama en potencia verbal y frases grandilocuentes y poéticas, ha dejado a la cursilada de la niña de Rajoy como una salida de tono tabernaria. Y, lo que es peor, si bien el empalago de Mariano se quedó en casa, el viento de nuestro presidente ha traspasado fronteras y fronteras, extendiendo el ridículo al nivel planetario, que es en el ámbito en el que se mueve un personaje de su talla y su altura de miras. No se puede meter con tan enorme calzador una frase copiada y que no viene a cuento. No se puede mostrar tanta necedad ante tantas personas al mismo tiempo y sacar pecho de orgullo después de decir una chorrada de semejante tamaño. Dice Zapatero que en el mundo hay “pobres, demasiados pobres”. Tiene toda la razón, y así seguirá siendo, y cada vez más, mientras él siga gobernando nuestro país. La inteligencia y el sentido común no pertenecen a Zapatero, sino al viento. Larga vida al líder y a sus bobadas.

Leire ante la crisis

Nos hace doña Leire Pajín, a través de su blog,  un resumen con forma de oda dedicado a la gran gestión que ha hecho nuestro Gobierno a lo largo de 2009. Ignoremos sus repetidos errores sintácticos:

“Ayer acudí a la presentación que hizo el Presidente del Gobierno del Informe Económico del año 2009. Un instrumento de análisis y seguimiento que incorporó el Gobierno hace ya tres años y que da buena muestra del compromiso de los socialistas con la transparencia de la gestión.”

La iniciativa estaría bien, si no fuera porque el que realiza el informe es el propio protagonista del mismo. El resultado es equivalente al de un alumno que se corrige su propio examen. Un curioso ejercicio de transparencia, como dice Pajín, en el que es transparente lo que el Gobierno quiere, y es opaco lo que le viene en gana. Un autobombo onanista y un sacar pecho, incluso después de uno de los años más nefastos que gobierno español alguno pueda recordar.

“En este año hemos aprendido lecciones muy duras, como que definitivamente, era muy peligroso jugarnos toda nuestra economía a una sola carta, el ladrillo. Que cuando denunciábamos la burbuja inmobiliaria que favorecieron los gobiernos de Aznar, no alcanzábamos a adivinar la verdadera magnitud que tendría el problema si estallaba en plena crisis, como así ha sido y las consecuencias que ha desencadenado en el desempleo.”

La culpa de todo sigue siendo de Aznar. ¿Hasta cuándo? Es curioso que doña Leire separe la crisis económica y la explosión de la burbuja inmobiliaria como dos elementos que coinciden en el tiempo. Como un a perro flaco todo son pulgas, en el que la crisis es la delgadez y la burbuja del ladrillo son las pulgas, que aparecen casualmente o como consecuencia de. Una visión novedosa y casi delirante de la crisis la de Leire, que ella bien sabrá a qué se ha debido.

Miremos al futuro y al bien que nos traerán los numerosos cambios introducidos por nuestros gobernantes:

“Hemos establecido los cambios estructurales internacionalmente. Para llevarlos a cabo en España, hemos aprobado la Estrategia de Economía Sostenible, de la que la Ley que lleva el mismo nombre, es uno de sus principales instrumentos, que no el único, dotándolas con 25.000 millones de euros que nos permitirán invertir en educación, investigación, sostenibilidad y conocimiento. Tres ejes fundamentales para crecer de una forma más sostenible y menos vulnerable, para modernizar nuestra economía.”

Leire, hija, dices tantas bobadas que hasta pierdes la cuenta. Son cuatro tus “ejes fundamentales“, no tres. Leire coge carrerilla diciendo cosas bonitas (educación, investigación, sostenibilidad, conocimiento, modernidad, prosperidad, riqueza, empleo, felicidad, paz, amor…) y pierde el control.

Para terminar, un llamamiento a arrimar el hombro:

“Pero para salir adelante debemos adquirir un compromiso todos y todas, porque o salimos juntos de ésta o no salimos. Debemos confiar en las posibilidades de nuestro país, que ha superado retos mucho mayores que éste. Pero además, debemos “huir” de quienes prefieren la crítica fácil a la propuesta y el compromiso. “Huir” de quienes no se sientan ni siquiera unos segundos a analizar las políticas antes de salir a descalificarlas. “Huir” de quienes sólo buscan derribar un Gobierno… “Huir”, alejarse sí, porque además de ser una actitud irresponsable, no contribuye al crecimiento, ni genera empleo. El reto es grande, pero las capacidades de nuestro país también, yo creo en ellas.”

“Huir” dice Pajín. Huir de aquellos que no apoyen al pie de la letra todas sus propuestas, que en materia económica han resultado ridículas en su mayoría. Pero es que los que no les dan la razón (la malvada oposición del PP y otros) solamente quieren que haya más paro, y dolor y crujir de dientes, y derribar al Gobierno. Un sinsentido, pues todos sabemos que Zapatero está en La Moncloa para hacernos un favor a todos, que su intención no es perpetuarse en el poder, y que dejará de ser Presidente en cuanto se lo pidan, sin hacer aspavientos. Aunque es el mejor, oigan. Además, no apoyar al Gobierno “no contribuye al crecimiento ni genera empleo” (justo lo mismo que apoyarles). En definitiva, si no fuera por la oposición (la derecha, ambiciosa, casposa y asquerosa) ya habríamos salido de la crisis el pasado septiembre, y ahora estaríamos creciendo al 5% anual y todo el mundo tendria trabajo (incluso los sindicatos) y nuestro sueldo medio sería el de la propia Pajín. Pero la oposición, siempre jodiendo, ¿eh?. Si no fuera por ellos… Huyamos.

Imagen: 20minutos.es

Contradicciones recaudatorias

El nivel argumentativo de nuestros políticos es, habitualmente, realmente bajo. El uso y abuso de la demagogia, como una forma de ser el político, nos lleva a contradicciones absurdas en temas de mayor y menor calado, indiferentemente. Esta semana discutían en el Congreso una iniciativa apoyada por todos los grupos políticos menos el PSOE por la cual los multados por hablar con teléfono móvil mientras conducen podrían compensar el pago de su multa con la instalación de un sistema de manos libres. El infractor tendría 30 días para instalarlo. La medida dejaría al Estado sin una recaudación de unos 20 millones de euros al año.

La negativa del PSOE y de Tráfico se basa en términos de usabilidad y seguridad. Según el PSOE “no está demostrada su utilidad” (¿?) y según Tráfico, el uso de un manos libres es tan peligroso como el uso del propio teléfono móvil. El portavoz socialista en la comisión de Seguridad Vial, Carlos Corcuera asegura que “no existen estudios serios que demuestren que [el manos libres] elimine la distracción, porque lo que ocurre es que estos dispositivos dan una falsa sensación de seguridad” y añade: “que el manos libres reduce la siniestralidad es evidente, pero que la elimina, no”.

Baile de opiniones contradictorias entre sí. Tráfico cree que son tan peligrosos como usar el teléfono móvil, y el PSOE que su utilidad no está demostrada, aunque es evidente que sirve para reducir la siniestralidad, aunque no existen estudios que demuestren que elimine la distracción. De momento, si el manos libres reduce la siniestralidad, no puede ser tan peligroso como usar el teléfono móvil. Por otra parte, el 100% de los elementos que sirven para aumentar la seguridad de un automóvil reducen la siniestralidad, no la eliminan. Pero Corcuera espera, segúns sus palabras, que el manos libres elimine la siniestralidad en los accidentes de tráfico. Casi nada. No creo que sea necesario realizar ningún estudio para demostrar lo que es imposible. No soy un experto en seguridad vial, pero me gustaría saber cómo distrae más un manos libres que una conversación con un acompañante o que escuchar la propia radio o que usar el GPS. Estoy intrigado. ¿Acabarán prohibiendo ir hablando en el coche?

En cualquier caso, más allá de esta nula capacidad expresiva del portavoz socialista (o de sus enormes esperanzas en el fin de los accidentes en las carreteras) hay una pregunta evidente que habría que hacerle a él y a Tráfico: si ahora la utilidad de los manos libres no está demostrada y si son tan peligrosos como el uso del teléfono móvil, ¿por qué han esperado hasta ver en peligro parte de su recaudación y no han prohibido estos dispositivos en estos seis años? En qué manos estamos…

Pantomima de portada

Los periódicos de corte más conservador y El Mundo recibieron con duros calificativos la consulta separatista (o independentista o soberanista) celebrada ayer en unos cuantos pueblos catalanes. Veamos:

Para el diario El Mundo las votaciones fueron una mascarada: La mascarada de las consultas da impulso a los separatistas”.

Para ABC una pantomima: La pantomima de las consultas soberanistas sólo logra una participación de menos del 30%”.

Para La Razón fue, directamente, ridículo: “Ridículo independentista en Cataluña: en el referéndum no votó ni el 30%”.

Para La Gaceta fue una coña (¿?): “Sólo el 28% se aviene a la coña independentista del PSC y sus aliados”.

Más benévolos fueron El País, Público y los periódicos catalanes. Y especialmente satisfechos se mostraron los medios más independistas, especialmente Avui, que presumió de los resultados ignorando la escasa acogida que tuvo el acto.

Pantomima, mascarada, ridículo y coña. Probablemente todos los adjetivos estén justificados, si consideramos que lo único que se realizó fue una consulta sin validez para absolutamente nada, en la que participaron menores de edad, inmigrantes, personas que pasaban por allí y votantes que portaban un DNI de nacionalidad catalana, con el mismo valor legal que el carnet del Círculo de Lectores. En resumen, que ayer pudo votar casi quien quiso (incluso un par de veces si vino a cuento), en municipios de corte claramente independentista y sin ningún control externo a la propia organización del acto. Acto ilegal, por cierto. Pero la ilegalidad, que es el sambenito que lleva adherida la consulta a su inutilidad, no debería ir más allá del uso de instalaciones públicas para votar. Porque, aunque yo no le veo mucho sentido, cada uno puede pasar la tarde del domingo como buenamente quiera: bajando al cole para dar su voto en una votación ficticia o quedarse en casa jugando al Monopoly con dinero igualmente ficticio. Por ejemplo.

El resultado de apoyo a la independencia de Cataluña fue tan aplastante como previsible. La pregunta concreta a la que tuvieron que contestar esta vez fue “¿Estás de acuerdo en que Cataluña sea un estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. Una pregunta especialmente ficticia a la que debieron añadir “en la que todos sus ciudadanos sean ricos, felices y dichosos”. Ahora no pensarán los independentistas que esta pantomima (como decía ABC) inútil presione a algún organismo o institución en algún sentido en favor de sus intereses. No creerán que Cataluña hoy es menos España que ayer, o que el cava hoy tiene más burbujas que el jueves o que Xavi juega mejor que la semana pasada. Sin aspavientos, es bueno tener presente que este referendum es tan vinculante como la encuesta de un periódico. Lo sabíamos todos, los que fueron a votar y los que no.

Pero, precisamente por lo estéril del referéndum, lo que me preocupa es la tremenda importancia que le han dado la mayoría de los periódicos (y medios) nacionales a un acto que debió ser anecdótico, y con el que solamente pudo competir por espacio en las portadas la agresión a Berlusconi. Si damos la máxima importancia a una consulta ilegal, sin ninguna validez efectiva, y que solamente tiene el objetivo de erosionar la estabilidad en la cohesión territorial y la convivencia de España, estaremos haciendo un enorme favor a aquellos a los que estamos criticando. Demasiadas portadas ofrecieron los medios nacionales, demasiados adjetivos exaltados, demasiadas columnas indignadas. Demasiada repercusión para los que juegan con una democracia a la carta. La próxima vez no les demos lo que quieren.

El hombre contento

En toda democracia de segunda que se precie, existen determinados personajes que han marcado profundamente los destinos de un país, y los que se les debe favores por los servicios prestados. Rafael Vera, seguramente una de las cinco personas más importantes de nuestra post-transición, es uno de esos personajes. Ahora en la sombra, su vinculación con el PSOE sigue existiendo. El 11 de marzo de 2004 usó el despacho de Juan Carlos Rodríguez Ibarra para hacer llamadas y probablemente no era para hablar con su señora madre. Desde entonces, apenas se le conoce nada relevante, salvo alguna entrevista, como la que concedió a Vanity Fair (¿?) la pasada primavera.

Por desgracia, Rafael Vera conoce tantos secretos de lo que ha ocurrido en los últimos 25 años en nuestro país, que es mejor mantenerle contento y no desatenderle demasiado, por las mantas de las que pueda tirar. Solamente así se puede comprender que el Constitucional haya permitido a Vera continuar viviendo en la finca que adquirió con 43 millones de pesetas (de los años 80) de los 141 millones de pesetas que robó de los fondos reservados. La finca, situada en Torrelodones, consta de un terreno de más de 9.000 metros cuadrados e incluye una vivienda de 375. Un piso modesto, que hoy puede valer quince veces más de lo que pagó el ex secretario de Estado hace dos décadas.

Por los delitos que cometió, el dinero que robó y el terrorismo de Estado del que fue principal impulsor, Rafael Vera debería continuar en prisión. Debería ser alguien defenestrado por un partido que debería avergonzarse de sus acciones y debería, después de cumplir una pena ajustada a sus delitos, ser tratado por nuestra Justicia, como mucho, como un ciudadano más. Es más, aunque Vera no hubiera cumplido delito alguno, como dice nuestra Constitución, todos los ciudadanos deberíamos ser tratados con igualdad ante la Ley. ¿Y quién puede saberlo mejor que el propio Tribunal Constitucional?

Los argumentos en los que basa el Constitucional su decisión pasan por peregrineces comoque “el desalojo de su domicilio permanente y habitual que comparte con su familia, con los consiguientes perjuicios difícilmente reparables que supone la posesión de la citada vivienda”. La defensa alegó que Vera carece de “otra vivienda alternativa donde ubicarse”. La sentencia también argumenta que no se considera que  la suspensión de la ejecución “pueda entrañar una perturbación grave de los intereses generales o de los derechos fundamentales y libertades públicas de un tercero”.

Algunos pensarán que todo esto es por el bien común. Que el mal de pagarle una mansión a este señor es infinitamente menor que tener que asumir los ríos de tinta, las manos sobre la cabeza y la inestabilidad que provocaría la publicación de lo que el ex Secretario de Estado tenga que contar.

En los últimos años miles de personas se han embarcado en arriesgadas hipotecas, han pasado años contando euros para llegar a fin de mes, han estado sudando por conservar sus trabajos, se han privado de los más básicos caprichos… Y muchos, en efecto, no han llegado a fin de mes, han perdido primero sus trabajos, y luego sus viviendas, o incluso las de aquellos familiares que les avalaron. Y todas estas penurias las han pasado, siempre, dentro de la legalidad, y desde luego, no en mansiones con diez mil metros de jardín. Y cuando a estos españoles de a pie todo les ha ido mal, como decía, se han quedado en la calle, porque ningún tribunal ha justificado que fuese su vivienda habitual o que no tenían otra vivienda alternativa en la que vivir, o que no expulsarles de su vivienda no entrañaba “perturbación grave” de los intereses o derechos de otras personas.

Si alguien cree en serio que en España todos somos iguales ante la Ley, o que la Justicia merece tal nombre, es que no sabe por dónde le da el aire. Estas cosas es mejor asumirlas y mirar para otro lado, pero a mí permítanme que me muera un poco del asco.

P.D.: La de Vera es una sentencia del Constitucional tan inclinada hacia la izquierda (y hacia la injusticia) que tal vez resulte ser un anticipo de la sentencia que este mismo tribunal ofrecerá (tal vez en breve) sobre el Estatuto de Cataluña. Veremos.

Imagen: ABC.es

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